La zona arqueológica de Monte Albán tiene, desde tiempos ancestrales, una vinculación con el jaguar, como ocurre con otras culturas prehispánicas de México. La especie que en 2017 figuraba como una con mayor peligro de extinción del que se pensaba, según publicaciones del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es eje de la exposición colectiva que del 24 de marzo al 20 de julio se presenta en el museo de sitio de este espacio.
Monte Albán, cuya relación con esta especie se encuentra plasmada en una serie de representaciones como estelas y piezas cerámicas, reúne la obra de 34 artistas que se han sumado al proyecto de la asociación civil Oaxaca Fértil. De esta forma, pone atención en la conservación de una especie que en el país cuenta con menos de 4 mil ejemplares, de los cuales se estima que son poco más de 400 los que habitan en territorio oaxaqueño.
Coordinados por el también creador Francisco Verástegui, la muestra gira en torno a la importancia del jaguar, pero también del árbol, al ser especies fundamentales para la vida y los ecosistemas.
La serie replantea también la conexión de la zona con el árbol, una especie que dio pie a su nombre, según una versión que retoma el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH):
“El nombre de Monte Albán se debe a que un soldado español encontró cierta similitud del sitio, con un lugar de Italia llamado Monte Albano, cubierto de flores blancas, como las que produce el casahuate, árbol muy abundante en los Valles Centrales de Oaxaca”.
Árboles y Jaguares es el título de la exposición que por cuatro meses estará en el Museo de Sitio de la Zona Arqueológica de Monte Albán. Además de sus vinculaciones con este lugar, la serie expone uno de los problemas actuales del mundo, el calentamiento global de la atmósfera, que a su vez afecta la permanencia del ser humano y otras especies. Por ello, desde la asociación civil Oaxaca Fértil se ha expuesto la importancia del árbol y el jaguar en la lucha contra el cambio climático de forma sustentable.
“Así como el jaguar necesita del árbol, el árbol necesita del jaguar para existir. Al ser el tope de la cadena alimenticia, en su hábitat el jaguar se encarga de regular el equilibrio biológico devorando a ciertos animales, como por ejemplo el venado y el mono araña, los cuales, si se multiplicaran sin control, acabarían con los árboles”.
Sin árboles no hay jaguares, y sin jaguares no hay árboles, se subraya en esta muestra que ha sido precedida por otras similares en espacios de la ciudad de Oaxaca, como la sexta edición efectuada en octubre del año pasado en la galería Arte de Oaxaca, y en la que se incluyó una tercera especie: el tapir.
De parte de la comunidad artística, Verástegui ha destacado la participación cada vez mayor de talentos oaxaqueños, del país e incluso otras partes del mundo, en torno a un tema que podría ser de carácter universal.
En seis años de vincular el arte con la conservación ambiental, señalaba en entrevista para EL IMPARCIAL, el número de artistas ha rebasado los 100.
Asimismo, que entre los orígenes de este tipo de exposiciones sobre el jaguar y el árbol está el “Jaguar de luz”, nombre que se le dio a un ejemplar capturado en el año 2004 por habitantes de Cristo Rey La Selva, en la Sierra Norte del estado. Los relatos sobre este ejemplar, partían de la experiencia de un cazador contratado por los lugareños para matarlo, pero que cuando estaba a punto de disparar vio brillar al jaguar y contó ello a los ancianos de la población. La anécdota se relacionó con el origen de la comunidad, por lo que se capturó con vida para mantenerlo un año en cautiverio y luego liberarlo.
“Es una leyenda que da origen al movimiento en favor del jaguar y que creó la conciencia de la importancia del jaguar como tope de la cadena alimenticia, como cúspide de la pirámide biológica y regulador del medio ambiente”, explicaba Verástegui.









































