El asesinato de Rosa María, comerciante atacada a cuchilladas dentro de la Boutique Susel, en la calle Trujano, volvió a evidenciar la fragilidad de la seguridad en Oaxaca. El crimen ocurrió en una de las zonas más vigiladas y transitadas del Centro Histórico. Lo que contrasta de forma directa con el discurso oficial de reducción de la delincuencia.
Mientras una familia llora la pérdida, el gobierno estatal respondió con estadísticas. La reacción reavivó el debate sobre el uso de los números como contención política frente a hechos que, por su gravedad, no admiten consuelo cuantitativo.
“NO ES COMÚN”, PERO OCURRE
El secretario de Gobierno, Jesús Romero López, reconoció el impacto del crimen:
“El hecho de ayer nos conmociona tanto, no es común”.
Sin embargo, para vecinos y colectivos, la violencia contra mujeres sí se ha vuelto recurrente. Aun cuando no siempre derive en feminicidio consumado.
CIFRAS QUE NO CONTIENEN LA REALIDAD
Durante su exposición, Romero López destacó que entre diciembre de 2022 y diciembre de 2025 los delitos de alto impacto disminuyeron 22.82%, y que en 2024 se logró una reducción del 15.48%.
“La política de seguridad está empezando a dar frutos”, afirmó.
No obstante, el propio funcionario reconoció los límites de esa narrativa:
“La cifra no puede usarse para sugerir que todo está bien”.
Especialistas y ciudadanos advierten que las estadísticas no reflejan el miedo cotidiano, ni previenen que una mujer sea asesinada dentro de su lugar de trabajo, a plena luz del día y en el corazón turístico de la capital.
El uso reiterado de porcentajes —admiten incluso desde el gobierno— corre el riesgo de convertirse en un discurso defensivo. Más que en una herramienta efectiva de prevención.
FEMINICIDIO: REDUCCIONES QUE NO ALCANZAN
Las autoridades informaron una reducción del 12% en homicidios dolosos y del 20% en feminicidios, cifras que, aunque presentadas como avances, fueron matizadas por el propio secretario.
“No debe ocurrir ninguna muerte violenta de mujeres. Aunque la cifra es positiva, no nos satisface”.
La insistencia oficial en que los números “van a la baja” no evita que los casos sigan ocurriendo, ni responde a la pregunta central: ¿por qué, pese a las cifras, las mujeres siguen muriendo?
IMPUNIDAD, EL FACTOR QUE PERMITE LA REPETICIÓN
Romero López reconoció que la impunidad ha sido históricamente un factor que alimenta la violencia feminicida:
“El feminicidio, junto con la impunidad, permite que estos crímenes se sigan cometiendo”.
Si bien destacó detenciones recientes y sentencias “muy fuertes”, colectivos señalan que la justicia reactiva no sustituye a la prevención, ni devuelve la vida a las víctimas.
ENTRE NÚMEROS Y FAMILIAS
El funcionario aseguró que no se maquillan cifras:
“Son cifras; son familias”.
La frase resume la tensión central del debate: los números pueden mostrar tendencias, pero no alcanzan para explicar ni justificar una muerte más. El feminicidio de Rosa María dejó claro que, más allá de gráficas y porcentajes, la deuda con la seguridad de las mujeres sigue abierta.






































