Mujeres y hombres jóvenes con delantal muestran su mejor talento de convencimiento para la venta de nieves en el Jardín Sócrates, arropado por grandes árboles y un escenario rodeado de colores.
“Bienvenido, aquí están las nieves”, “acérquese, le regalo una prueba”, se deja escuchar entre múltiples invitaciones y que apenas permiten decidir con calma hacia dónde dirigir la mirada y después los pasos.
En esta zona ubicada a un costado de la Iglesia de la Soledad se observan puestos de varias décadas de existencia y generaciones, adornados de papel picado, flores e imágenes alusivas a la temporada, muchas de las recientes fiestas navideñas.
El frio del aire que pasa entre las mesas y las sillas del lugar aún se siente, mientras el sol alcanza su punto más alto en el cielo.

En la Nevería El Lirio la lista de 40 sabores está a la vista. Se lee: nieves de nuez, leche quemada, tuna, sorbete, chocolate, pétalos de rosa, beso oaxaqueño, higo o mezcal.
En este establecimiento con varios años de servicio las ventas siguen bajas como el resto de las neverías, porque las bajas temperaturas no provocan el gusto por este producto en la mayoría.
“Con el frío las ventas bajaron hasta 50%, pero nos recuperamos pronto”, expuso uno de los vendedores, al señalar que las temporadas altas son durante las fiestas de la Guelaguetza, Cuaresma y Fin de año.
En los diferentes establecimientos del Jardín Sócrates varios se animan a pasar a las sillas, atraídos por la mejor invitación de algunas trabajadoras, que aseguran contar con las mejores nieves y nuevos sabores.
De 55 a más de 70 pesos, según el tamaño y el sabor, las nieves del Jardín no solo generan calma en el ajetreo diario, sino también refrescan el cuerpo y el alma.








































