El día de ayer, 14 de enero, se cumplieron 95 años del sismo de 1931, un acontecimiento que marcó profundamente a la ciudad de Oaxaca.
Eran aproximadamente las ocho de la noche del día catorce del año, cuando un fuerte terremoto de posiblemente 7.8 grados sacudió durante 180 eternos segundos la ciudad de Oaxaca. Las consecuencias del mismo fueron terribles para la entidad, en especial para la capital: hambre, cólera, miseria, migración masiva.
De pronto, se escuchó el estruendo ensordecedor que causó al caer la campana de una de las torres del templo de San Francisco, aquella que tres años antes había sido proclamada por los oaxaqueños como la más sonora de la ciudad, su tañer se escuchaba hasta Cuilápam y era motivo de admiración y orgullo para todos aquellos que alguna vez la oían.
Después este acontecimiento, la Verde Antequera sufre uno de los más grandes desastres de los que se tenga conocimiento.
Las horas transcurrieron en el más completo desorden, cientos de viviendas se derrumbaron, inclusive las grandes y portentosas, no hubo templo que no mostrara alguna cuarteadura en sus bóvedas y muros, y algunos de ellos se destruyeron como el de Guadalupe, San Francisco, Consolación, La Merced, Los Siete Príncipes, los campanarios de la Catedral estaban a punto de desplomarse.
El relato de la tragedia
Era ya la noche del 14 de enero de 1931, ya todos se disponían al descanso, el cielo completamente despejado, un frío ligero se sentía en la ciudad de Oaxaca, cuando se escuchó un ruido extraño, las paredes se empezaron a mover, los techos a crujir; los gritos de hombres, mujeres y niños, cada vez más angustiosos se escuchaban por doquier; todos salían de sus casas a las oscuras calles, se hincaban y con las manos en alto pedían al altísimo misericordia.
Destrucción masiva
El sismo dejó graves daños en Miahuatlán de Porfirio Díaz, muchos edificios, incluida la Parroquia de San Andrés sufrieron daños muy severos y algunas construcciones desaparecieron, como el Hotel “Posada San Agustín” escenario de renombre por las visitas que tuvo en sus mejores años.
A pesar de la destrucción de esta ciudad de la sierra sur, el ojo fue puesto en la ciudad de Oaxaca, dónde dejó una devastación sin precedentes que hasta el día de hoy, no ha vuelto a repetirse.
Entre los edificios más afectados estuvo el Palacio de los Poderes, que permaneció en ruinas durante cuatro años, ofreciendo una imagen de destrucción en el corazón de la capital.
La reconstrucción del inmueble fue asumida como una tarea prioritaria por el Lic. Anastasio García Toledo, entonces Jefe del Ejecutivo estatal. Una vez restablecida la tranquilidad en la entidad, se emprendió la labor de levantar nuevamente el edificio, con la colaboración de distintos sectores y bajo un manejo cuidadoso de los recursos públicos.

Sin conocerse número real de víctimas
Hasta ahora, tal vez por las limitantes de aquellos años, no se tiene registrado un número determinado de víctimas ni de construcciones afectadas. Solamente se conocen versiones que hablan de 10 mil muertos por referencias de quienes sobrevivieron el gran temblor que tuvo su epicentro en la sierra sur cerca de Miahuatlán.
Consecuencias ineludibles
La mitad de la ciudad fue destruida, la gente vivía en las calles ante los severos daños en casas, iglesias y edificios públicos. Los daños en el cementerio de San Miguel, al oriente de la ciudad, llevaron a incinerar los restos expuestos de las víctimas del cólera morbus que habían fallecido en la epidemia de la década de 1860; entre esos restos estaban los de Macedonio Alcalá, autor del vals Dios nunca muere, considerado himno regional de los oaxaqueños.
La tragedia, también causó hambruna, cólera y miseria, así como la consecuente migración de muchos oaxaqueños a diferentes ciudades del país, especialmente a la ciudad de México.
Documentan tragedia
Las pocas imágenes que se conocen de la tragedia fueron filmadas por el célebre cineasta ruso Sergei M. Eisenstein el 16 de enero de 1931, a bordo de un avión. Casualmente Eisenstein y su equipo se encontraban rodando ¡Que viva México! en la región, por lo que pudieron realizar este corto documental llamado “El desastre en Oaxaca”.
En la cinta, Sergei M. Eisenstein, retrata la devastación dejada por el terremoto del 14 de enero de 1931. Cuando el avión en el que viajaba se aprestaba a aterrizar en los terrenos del antiguo aeropuerto se sintió otra replica y desde el aire vieron como las personas se resguardaban en las calles al ser un lugar seguro.
Por otra parte, el corresponsal de El Universal en Oaxaca, Jorge Fernando Iturribarría, reportó una ciudad “apocalíptica, bombardeada, angustiada”. La migración provocó que la población se redujera alrededor de 30%, los precios de la tierra bajaron drásticamente, la gente padeció hambre y carestía; fue momento para iniciar la reconstrucción y modernización de la capital del estado, tomando en cuenta su carácter sísmico.
Alta sismicidad
México está ubicado entre cinco placas tectónicas: Caribe, Pacífico, Norteamérica, Rivera y Cocos. Según la Oficina Sismológica Nacional, la placa Cocos subducida en Michoacán, Guerrero y Oaxaca, es lo que provoca que debajo de Chiapas se registren muchos terremotos.
Huyen del terruño
La migración provocó que la población se redujera alrededor de 30%, los precios de la tierra bajaron drásticamente, la gente padeció hambre y carestía; fue momento para iniciar la reconstrucción y modernización de la capital del estado, tomando en cuenta su carácter sísmico.
TESTIMONIOS
Recuerdos vívidos de la tragedia
“… el 14 de enero cuando el reloj marcaba las ocho de la noche y nos disponíamos a tomar café, empezó un temblor que de inmediato hizo crujir los techos … luego se fue la corriente eléctrica, en tanto mi infeliz ama luchaba por sacar a sus tres niños que ya estaban dormidos”.
Carlos Velasco Pérez
“La destrucción de los sotabancos y cornisas de todas las casas de la ciudad y el agrietamiento o derrumbamiento interior de las mismas, daba a la ciudad, diez días después del 14, el aspecto de una fortaleza bombardeada cuyo 95% de casas estaban totalmente inhabitables”.
Genaro V. Vásquez
“El 14 de enero de 1931 se registró el último movimiento sísmico de consideración en la ciudad y el valle… esta vez sí hubo algunas víctimas y desplomes parciales de construcciones resentidas… abrió el éxodo de numerosas familias que se alejaron definitivamente de Oaxaca, cuya población quedó reducida a dos tercios”.
José María Bradomín
“El mayor duelo fue que centenas de familias… encontraron razones para alejarse del terruño, donde quedaba la tumba de sus antepasados… Por eso, quienes aquí permanecimos, ganamos el derecho de sentirnos más oaxaqueños que antes del 14 de enero de 1931”.
Everardo Ramírez Bohórquez










































