Hoy compartimos la historia de una mujer que luchó por vivir con el mundo a sus pies. El nombre de Isadora Duncan (1878-1927) podrá ser ajeno para algunas personas; sin embargo, una mirada a la prensa internacional de principios del siglo pasado, puede acercarnos a distintos episodios de esta vida que frecuentemente fue descrita como inmoral, superficial, despiadada e irresponsable.
Bailarina de vocación, el cuerpo de Isadora, elegante, ágil y armonioso, fue puesto al servicio de las luchas sociales; los oprimidos, el grupo obrero, las mujeres y otras problemáticas de su tiempo, fueron parte de una narrativa dancística inspiradora empeñada en la denuncia y la búsqueda de alternativas que muchas veces incomodaron a las arraigadas estructuras sociales de finales del siglo XIX.
Del cuadro romántico, envuelto en tules y delicadeza efímera, a la búsqueda insistente y disruptiva del entorno natural en el que encuentra expresiones que no mienten al develar los secretos más íntimos e inexplicables de la existencia humana, así fue el paso de la genial bailarina de San Francisco, que conmovió a las juventudes europeas de su tiempo que con fervor la contemplaron en los distintos escenarios en los que compartió a través de la danza, un poderoso mensaje de igualdad, libertad y sentido humano.
Coreógrafa y bailarina inolvidable, Isadora Duncan abrió las puertas a la danza moderna al sacudir los cimientos de los más arraigados pactos sociales; al liberarse de ataduras, al vestir túnicas inspiradas en la cultura griega, al descalzar los pies en el escenario y permitir fluir desde el plexo solar, el movimiento que va de la serenidad perfecta, a la explosión de energía contenida.
Su emblemática bufanda roja fue protagonista en el último de sus días, cuando en un trágico accidente de automóvil, ocurre el instante fatal en el que el silencio profundo y extraño, dio cuenta de esta vida que expiró dejando una cauda de admiración y llanto. En tiempos de permanente controversia, recordar personajes como la inolvidable Isadora Duncan, ofrece la certeza de que es posible transitar por esta vida de manera pacífica, innovadora, crítica y en libertad.
María Concepción Villalobos López/ Corresponsalía “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”











































