Estados Unidos ha reconocido la ejecución de su primera operación terrestre en Venezuela, una acción encubierta atribuida a la CIA y realizada con drones contra una infraestructura portuaria en la costa del país. El ataque marca una nueva fase en la estrategia del presidente Donald Trump, que combina la llamada “guerra contra el narcotráfico” con un incremento de la presión para debilitar al Gobierno de Nicolás Maduro, en medio de un notable hermetismo oficial y crecientes cuestionamientos legales y políticos.
UNA OPERACIÓN ENCUBIERTA CON MUCHAS INCÓGNITAS
Según fuentes citadas por CNN, la infraestructura atacada habría sido utilizada por el grupo criminal Tren de Aragua para almacenar y trasladar drogas. El ataque, ejecutado cuando no había personal en el lugar, no dejó víctimas, pero sí numerosas preguntas sin respuesta: no se ha precisado la ubicación exacta, la hora, el número de drones empleados ni el grado de coordinación con las Fuerzas Armadas.
La coronel Allie Weiskopf, portavoz del comando de operaciones especiales, negó la participación directa de esa unidad militar, mientras que la Casa Blanca, la CIA y el Pentágono han evitado ofrecer explicaciones detalladas. El Gobierno venezolano, por su parte, no ha emitido una respuesta oficial.
TRUMP LO ADMITE Y EVITA DAR DETALLES
El propio Trump confirmó la acción durante una entrevista radial y posteriormente ante la prensa, al ser consultado durante la visita del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Sin aclarar quién ejecutó el ataque, el presidente se limitó a señalar que una instalación clave para el tráfico de drogas “ya no existe”, declaraciones que reforzaron la percepción de una operación deliberadamente opaca.
Altos cargos estadounidenses han indicado a Reuters que las operaciones encubiertas con respaldo de la CIA figuran entre las principales opciones de Washington, siguiendo esquemas similares a los utilizados en la lucha contra Al Qaeda en la década pasada.
TERCERA FASE DE PRESIÓN SOBRE CARACAS
La incursión terrestre representa el inicio de la tercera fase de la estrategia de presión de EE UU sobre Venezuela. Tras la victoria electoral de Trump, Washington intensificó la narrativa que vincula a Maduro con el narcotráfico, designó al denominado Cartel de los Soles como organización terrorista y lanzó la operación militar “Lanza del Sur”.
Esta estrategia ha incluido el despliegue de más de 14.000 militares y una poderosa flota naval en el Caribe, así como ataques a supuestas narcolanchas desde septiembre, con un saldo de más de un centenar de fallecidos. Estas acciones se han realizado sin autorización del Congreso, lo que ha alimentado críticas por posibles vulneraciones del derecho internacional.
POLÉMICA, PETRÓLEO Y RIESGOS LEGALES
La escalada no está exenta de controversias. Investigaciones en el Congreso analizan denuncias sobre ataques posteriores para eliminar supervivientes en una de las operaciones marítimas, hechos que, de confirmarse, podrían constituir crímenes de guerra.
Paralelamente, la intercepción de petroleros venezolanos y el anuncio de un “bloqueo total” han reavivado el debate sobre el interés estratégico de Washington en las vastas reservas de crudo del país sudamericano. Analistas advierten que la combinación de presión militar, sanciones económicas y acciones encubiertas incrementa el riesgo de un conflicto de mayor alcance y erosiona los mecanismos de control democrático en EE UU.
Con información de El País











































