Hablar de clases sociales en México es observar, con cifras oficiales, quién tiene acceso a oportunidades y quién apenas sobrevive. Según datos del INEGI, la mayoría de los mexicanos vive en la parte baja de la escala económica, mientras la élite concentra una porción desproporcionada de la riqueza.
Distribución por ingresos:
- Clase baja: 11,343 pesos mensuales; 56.6% de los hogares.
- Clase media: 22,297 pesos; 42.2% de los hogares (~47 millones de personas).
- Clase alta: 77,975 pesos o más; apenas 1.2% de los hogares.
Estas cifras no solo reflejan dinero, sino lo que cada familia puede costear en vivienda, salud, educación y transporte, marcando diferencias concretas en calidad de vida.
EL ACCESO COMO DIVISOR REAL
El ingreso es solo un indicador; el verdadero diferenciador está en la acumulación de bienes, servicios y redes de oportunidades. Tener internet de calidad, vehículo propio, educación privada o tarjeta de crédito representa más que poder adquisitivo: es acceso a movilidad y ventajas acumuladas de generación en generación.
En la clase media urbana, el 74% tiene internet, 61.6% un automóvil y casi un tercio envía a sus hijos a escuelas privadas. En las zonas rurales, estos porcentajes caen drásticamente, limitando las opciones de desarrollo personal y familiar.
DESIGUALDAD QUE SE MANTIENE EN EL TIEMPO
Entre 2022 y 2024, el 10% más rico ganó 14 veces más que el 10% más pobre, una ligera mejora frente a la brecha de 21 veces registrada en 2016, pero que evidencia la persistencia de la desigualdad estructural.
La movilidad social sigue estancada:
- 73% de los ricos nacieron en hogares ricos.
- Solo 4% de quienes no nacen en la clase alta logra llegar al 5% más rico.
La mitad de quienes nacen en pobreza permanece en ella toda su vida, cifra que aumenta a 64% en el sur del país.
FACTORES QUE AGRAVAN LA BRECHA
Género: las mujeres perciben 13 mil pesos menos por trimestre que los hombres.
Color de piel: los tonos más claros se asocian con mayores ingresos y escolaridad.
Región: las zonas rurales y el sur concentran menos oportunidades y casi nula presencia de clase alta.
UN SISTEMA DIFÍCIL DE ROMPER
Más que un problema de ingresos, México enfrenta una estructura que reproduce desigualdad de generación en generación. Educación desigual, concentración regional de oportunidades, discriminación y acceso limitado a servicios básicos mantienen a la mayoría atrapada en su clase social de origen.
Elevar salarios por sí solo no es suficiente; transformar esta realidad requiere cambios profundos en educación, equidad y acceso a oportunidades. Mientras eso no ocurra, la movilidad social seguirá siendo la excepción, no la regla.









































