Cuando en febrero de 2024 se inauguró la autopista Barranca Larga–Ventanilla, el gobierno federal prometió un parteaguas en el desarrollo de la región Costa de Oaxaca. A los pocos meses, también se anunciaba con entusiasmo el avance de la supercarretera al Istmo de Tehuantepec. Entre ambas obras, el estado de Oaxaca recibió una inversión superior a los 53,490 millones de pesos.
Sin embargo, hoy, a menos de dos años de su apertura, la primera sufre derrumbes, deslaves, baches y cortes de cerros mal estabilizados. La segunda se mantiene inconclusa tras el colapso de un puente, con una solución aún en etapa de planificación y obras suspendidas por las lluvias. Ambas vialidades, lejos de ser ejemplos de transformación, se han convertido en motivo de controversia y cuestionamientos.
BARRANCA LARGA–VENTANILLA: ASFALTO EN CAÍDA LIBRE
Con 104.3 km de longitud, la autopista Barranca Larga–Ventanilla fue diseñada para reducir de seis horas y media a dos horas y media el viaje entre Oaxaca y Puerto Escondido. Se estimaba un aforo diario de 4,253 vehículos y una cobertura a más de 100 mil habitantes de 11 municipios.
La inversión fue de 11,690 millones de pesos, según recordó el gobernador Salomón Jara Cruz. Pero a tan solo 20 meses de su apertura, la vía muestra severas fallas estructurales.
“Tiene aún sus problemitas, porque ha habido muchos derrumbes”, reconoció el mandatario este 21 de octubre en conferencia de prensa.
“No han parado de darle mantenimiento, de estar presentes, de retirar la tierra… se está haciendo”, agregó, justificando los trabajos pendientes.
Pese a estas condiciones, ya se cobra peaje completo:
- Automóviles pagan 234 pesos por caseta,
- Motocicletas, 117 pesos,
- Y camiones de dos a cuatro ejes, hasta 936 pesos por viaje redondo.
La ciudadanía cuestiona que se cobre una tarifa por una autopista que no garantiza seguridad vial plena.
FALTA DE ESTUDIOS O MALAS DECISIONES DE INGENIERÍA
Las fallas se atribuyen al reblandecimiento de cerros y a un deficiente tratamiento de taludes, a pesar de que esta información debió anticiparse en los estudios geotécnicos.
“El problema es que hubo cortes grandes de cerros […] ustedes seguramente ya viajaron por esa zona y verán los cortes enormes”, dijo el gobernador, en lo que fue percibido como una admisión tácita de errores en el diseño.
Lo preocupante es que, según expertos, ninguna gran obra de infraestructura debería presentar colapsos en tan corto plazo, menos aún cuando se trató de una inversión millonaria que incluyó estudios de impacto ambiental y planeación estructural.
CARRETERA AL ISTMO: OTRA OBRA CON FINAL INCIERTO
Por su parte, la supercarretera al Istmo de Tehuantepec enfrenta su propia crisis. Con una inversión anunciada de 42 mil millones de pesos, esta vialidad aún no ha sido entregada debido a la caída de un puente que obliga a cambiar completamente el diseño original.
“Ya no será un túnel, ni el mantenimiento del túnel falso, ni un nuevo túnel… finalmente se acordó que fuera un viaducto”, explicó Jara Cruz, señalando que se hará un corte antes del túnel colapsado para construir un nuevo tramo que cruce una barranca.
Este ajuste costará 800 millones de pesos adicionales, elevando el costo total del proyecto aún más. Lo que es peor, según reportes locales, ya no se observan trabajadores en el sitio, lo que ha generado preocupación sobre si la obra está técnicamente en pausa.
“Yo sé que se suspendió por la lluvia un ratito, pero van a seguir trabajando, eh”, aseguró el gobernador, añadiendo que habló con el titular de la Secretaría de Infraestructura.
CRÍTICAS POR IMPROVISACIÓN Y FALTA DE TRANSPARENCIA
Ambos proyectos fueron promovidos como motores de crecimiento económico, turístico y social. Sin embargo, los resultados actuales plantean serias dudas sobre su planeación, ejecución y supervisión.
Por otra parte, las lluvias, señaladas como culpables principales, no son fenómenos nuevos ni imprevisibles en la Sierra Sur o el Istmo; las constructoras debieron anticipar estos factores con ingeniería adecuada.
Tampoco se ha hecho público un informe técnico independiente que aclare si las fallas se deben a problemas de diseño, de materiales, de ejecución o de mantenimiento. La falta de transparencia alimenta la percepción de negligencia e impunidad, en un estado históricamente golpeado por la corrupción en infraestructura.
PROMESAS EN PIEDRA Y ASFALTO, PERO REALIDAD EN RUINAS
La narrativa oficial insiste en que las supercarreteras cambiarán la historia de Oaxaca. Pero por ahora, la única transformación evidente es la de la confianza ciudadana, que comienza a desmoronarse al ritmo de cada nuevo derrumbe.
Finalmente, 53,490 millones de pesos después, la pregunta no es cuándo se terminarán estas carreteras, sino si alguna vez cumplirán con los objetivos que las justificaron.







































