Nueve años después de un asesinato cometido con premeditación y brutalidad en San Antonio de la Cal, Oaxaca, tres personas fueron sentenciadas a penas de entre 40 y 42 años de prisión. El caso destaca no sólo por su violencia, sino por la vinculación directa de la hija de la víctima como autora intelectual.
Los hechos ocurrieron el 23 de febrero de 2016, cuando D.M.D.G., en complicidad con H.A.P.R. y J.G.M.R., citó a su madre, M.S.G.B., en un domicilio de la calle 16 de Septiembre, en la colonia Buenos Aires, cuarta sección del municipio mencionado.
Ahí, según la investigación judicial, la hija dio instrucciones claras a los agresores para ejecutar la agresión física. El ataque fue fulminante: uno de los hombres derribó a la víctima con un golpe en la cabeza, y posteriormente fue estrangulada hasta morir.
DE LA CASA A LA BARRANCA: EL CUERPO FUE OCULTO PARA SIMULAR DESAPARICIÓN
Después del homicidio, los tres implicados envolvieron el cuerpo y lo trasladaron en un vehículo particular hasta una barranca ubicada en la población de Texas de Morelos, en el municipio de Ocotlán de Morelos, donde lo abandonaron con la intención de ocultar el crimen.
Durante meses, el caso se manejó como una desaparición más en una región marcada por altos índices de violencia contra mujeres. Sin embargo, las líneas de investigación revelaron contradicciones clave y finalmente llevaron a la localización y detención de los implicados.
AÑOS DESPUÉS, SE HACE JUSTICIA
Tras un largo proceso judicial, el Tribunal de Enjuiciamiento dictó sentencia. La hija, D.M.D.G., y uno de los ejecutores, J.G.M.R., recibieron 42 años de prisión. El tercero, H.A.P.R., fue condenado a 40 años.
La condena incluye los delitos de:
- Homicidio calificado, con las agravantes de:
- Premeditación
- Ventaja
- Alevosía
- Inhumación clandestina
UN CASO QUE REABRE LA CONVERSACIÓN SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR Y LA IMPUNIDAD
Aunque la resolución judicial representa un paso hacia la justicia, este caso revela una realidad profundamente perturbadora: la violencia intrafamiliar extrema, y cómo la impunidad inicial puede prolongar el sufrimiento de las víctimas y sus entornos.
Además, pone sobre la mesa preguntas necesarias: ¿cuántos otros crímenes de este tipo quedan sin esclarecer? ¿Cuántas víctimas desaparecen en silencio, enterradas en barrancas o terrenos baldíos, sin que nadie rinda cuentas?
MÁS ALLÁ DE LAS SENTENCIAS, URGE UNA MIRADA PREVENTIVA
El crimen no sólo exige castigo, sino prevención estructural. La tragedia no inició en el momento del estrangulamiento, sino probablemente años atrás, en dinámicas familiares rotas, carentes de apoyo psicológico o intervención institucional oportuna.
Finalmente, casos como este confirman que la violencia no siempre llega desde fuera. A veces, la amenaza más letal vive dentro del hogar.






































