Hace dos semanas, Marco Rubio visitó México. El encuentro con Claudia Sheinbaum no fue de cortesía ni para tomarse la foto o una taza de café. El secretario de Estado de Estados Unidos llegó con peticiones concretas.
Washington pidió colaboración para frenar la ofensiva china en el mercado norteamericano y mayor contundencia contra el crimen organizado. Y México, esta vez, no hizo oídos sordos.
En tiempo récord, el gobierno de la presidenta Sheinbaum respondió: anunció un arancel de hasta 50% contra las importaciones provenientes de China y, en paralelo, dio golpes quirúrgicos contra redes criminales que parecían intocables.
El desmantelamiento de una de las principales mafias de huachicol, con marinos involucrados, y la captura en Paraguay de Hernán Bermúdez, exsecretario de Seguridad de Tabasco y líder de “La Barredora”, son prueba de que algo se está moviendo en serio.
El caso Bermúdez sacudió directamente a Morena, porque en Tabasco formó parte del gobierno de Adán Augusto López, hoy jefe de los senadores guindas, quien intenta lavarse las manos, porque ha trascendido que es parte de las investigaciones y esto podría descarrilar su carrera.
Sobre el caso, la dirigencia de Morena, encabezada por Luisa María Alcalde, reaccionó rápido: “en la 4T no hay intocables ni pactos de silencio”, aseguró. Pero lo cierto es que la sombra de complicidades internas sigue proyectándose.
Otro de los golpes alcanzó a los sobrinos del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda, señalados como cabecillas de una red de tráfico de combustibles, mejor conocida como huachicol fiscal.
La narrativa de Sheinbaum es clara: actuar, no justificar. En contraste, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador aparece en el retrovisor como permisivo, omiso o incluso cómplice.
Bajo su mandato, China arrasó con sectores enteros de la economía mexicana –textil, calzado, manufactura–, sin que se levantara la voz en defensa de la industria nacional.
AMLO prefirió la grilla doméstica, creyéndose arquitecto del “mejor gobierno de la historia”, mientras la corrupción y la impunidad crecían como hierba mala bajo la alfombra.
Hoy, con o sin la presión de Estados Unidos, el giro es evidente: se imponen aranceles, se ejecutan detenciones internacionales y se envía un mensaje interno demoledor.
Sheinbaum no se conforma con el discurso; está tomando distancia de su antecesor, dejando que la basura que AMLO ocultó hable por sí misma.


































