En el segundo trimestre de 2025, la pobreza laboral en México alcanzó el 35.1%, apenas por encima del 35% registrado en el mismo periodo de 2024, de acuerdo con el indicador publicado por el INEGI. Sin embargo, detrás de este ligero incremento nacional se oculta una disparidad alarmante entre el campo y la ciudad.
Mientras en las zonas rurales el porcentaje de personas cuyo ingreso no alcanza para adquirir la canasta alimentaria subió de 47.6% a 49.1%, en las zonas urbanas se observó una ligera mejora, al bajar de 30.9% a 30.8%.
Este dato confirma una tendencia estructural que castiga de forma persistente al sector rural, donde el acceso a empleos formales, infraestructura y oportunidades económicas sigue rezagado.
ESTADOS CON MAYOR POBREZA LABORAL
El informe del INEGI también reveló qué entidades han sido las más afectadas por el deterioro del ingreso laboral:
San Luis Potosí registró el aumento más dramático con un incremento de 10.2 puntos porcentuales.
Le siguen el Estado de México, con 3.6 puntos más, y Guerrero, con un aumento de 3 puntos.
En contraste, algunas entidades lograron reducir significativamente sus niveles de pobreza laboral:
Quintana Roo destacó con una disminución de 5 puntos porcentuales.
Guanajuato mejoró en 4.1 puntos y Aguascalientes en 3.8 puntos.
Este panorama refleja profundas desigualdades regionales, donde factores como el turismo, la industria o la precariedad rural marcan la diferencia en el poder adquisitivo de la población trabajadora.
¿QUÉ ES LA POBREZA LABORAL?
La pobreza laboral es un indicador de corto plazo que mide el porcentaje de la población cuyo ingreso laboral per cápita no es suficiente para comprar la canasta básica alimentaria.
Este dato se deriva del Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP), y es un termómetro que refleja no solo los niveles salariales, sino también la inflación, el tipo de empleo, y la cobertura de derechos laborales.
INGRESOS SUBEN, PERO NO ALCANZA PARA COMER
A pesar del incremento de la pobreza laboral, el ingreso laboral real promedio de los trabajadores mexicanos aumentó 2.1%, situándose en 7,596 pesos mensuales.
En el sector formal, el ingreso promedio subió 2.9%, alcanzando los 10,821 pesos.
En el sector informal, creció 2.7%, ubicándose en 5,257 pesos.
No obstante, este avance fue insuficiente para compensar el deterioro en la capacidad de compra, sobre todo en el sector rural. De hecho, la masa salarial real total cayó 2.8%, lo que implica un menor volumen de recursos circulando en la economía laboral.
EL CRECIMIENTO NO ALCANZA A LOS MÁS POBRES
El caso de este trimestre confirma una realidad persistente: aunque haya mejoras agregadas en los ingresos, los más vulnerables no las sienten. El aumento de la pobreza laboral en zonas rurales y en estados históricamente rezagados refleja la fragilidad estructural del modelo económico mexicano, donde la informalidad, la baja productividad y la concentración del crecimiento siguen ampliando la brecha social.
Expertos advierten que si bien los datos de ingreso pueden parecer positivos, no se traducen en bienestar cuando el costo de vida —particularmente el de los alimentos— continúa presionando a las familias más pobres.
URGEN POLÍTICAS FOCALIZADAS
Ante este panorama, especialistas recomiendan políticas focalizadas en el sector rural, fortalecimiento del empleo formal en estados marginados, y acciones contundentes para frenar la inflación alimentaria.
De lo contrario, la recuperación postpandemia solo quedará reflejada en promedios, pero no en los platos vacíos de millones de mexicanos.
Con información de El Financiero










































