Aunque Oaxaca es el estado con mayor población indígena en el país y el segundo con más hablantes de alguna lengua indígena, por falta de traductores en unidades de salud, miles sufren de discriminación y malos tratos.
Ana, de la zona mazateca de Oaxaca, dejó de acudir hace unos días al Hospital General “Dr. Aurelio Valdivieso” IMSS Bienestar, luego de que su hija fuera dada de alta tras varios días hospitalizada por una fractura.
Aunque debe acudir al nosocomio de manera periódica para dar seguimiento al padecimiento de su hija, Ana se resiste a acudir por los malos tratos que ha recibido de algunos trabajadores, por no saber hablar ni entender el español.
Juana, una vecina de Ana y que sirve como traductora cuando le es posible acompañarla, explicó las dificultades que enfrentan las y los hablantes de alguna lengua indígena que no están acostumbrados a hablar en español.
“Yo vengo a acompañarla de repente para decirle qué es lo que piden los médicos y hacia donde debe dirigirse. Yo hablo mazateco y español, ella mazateco y poco el español”, señaló Juana a un costado del hospital, previo a su ingreso para el surtimiento de algunos medicamentos.
De acuerdo con Juana, Ana es una mujer de 45 años hablante de mazateco que enfrentó muchas dificultades el primer día que llegó al Hospital Civil, por no saber hablar bien el español.
“Me cuenta que no sabía qué era lo que le decían los médicos en relación con el estado de salud de su hija, ni a qué área acudir para procesos administrativos. Hubo médicos y enfermeras que le dijeron que era importante que llevara consigo un traductor, porque así no se podía”, explicó Juana.
La vecina de Ana destacó que, en alguna ocasión, la madre de la menor estaba a la espera de la trabajadora social y en varias ocasiones preguntó al personal a qué hora llegaría, causando la molestia de algunas trabajadoras.
“Una enfermera en mal tono le dijo: ¿qué no sabe leer?, ahí hay un letrero que dice el horario de atención”, expuso Ana, al señalar que efectivamente Juana no sabe leer bien el español y con dificultades puede entenderle.
Por estas situaciones, donde la incomodidad era la constante en Ana, Juana decidió acompañarla y entrar con ella como su traductora, sobre todo en los momentos de indicaciones médicas.
“Es difícil y hasta en nuestro pueblo lo hemos visto. En los centros de salud es casi lo mismo, nuestros paisanos batallan cuando solo hablan su lengua y todavía los médicos o las enfermeras se molestan por no entenderles”, lamentó.







































