Lo que comenzó como una charla informal entre dos biólogos tomando cervezas terminó revolucionando la comprensión científica de la muerte. Peter Noble y Alex Pozhitkov, investigadores de la Universidad de Washington y la Sociedad Max Planck, descubrieron que cientos de genes no solo permanecen activos después de la muerte clínica, sino que algunos incluso se intensifican durante horas o días.
En experimentos con ratones y peces cebra, publicados en 2017, identificaron alrededor de mil genes relacionados con la inflamación, el sistema inmunitario, el desarrollo embrionario y hasta el cáncer. A este fenómeno lo llamaron “tanatotranscriptoma”, combinando el nombre del dios griego de la muerte (Thanatos) con “transcriptoma” (el conjunto de ARN de una célula).
“La gente pensaba que estábamos locos”, confesó Noble sobre el escepticismo inicial.
La muerte no es un interruptor, sino un “crepúsculo”
Noble compara la muerte con un “tercer estado” entre la vida y la descomposición total:
“No es un interruptor biológico, sino un regulador que da paso a un crepúsulo”.
Estudios posteriores, como uno del Centre for Genomic Regulation de Barcelona (2018), respaldaron esta idea al encontrar que la expresión génica varía según el tejido y podría incluso ayudar a estimar la hora de la muerte.
“Se han publicado múltiples artículos después del nuestro, y han encontrado tendencias similares”, señaló Noble.
Implicaciones médicas: ¿Riesgo de cáncer en trasplantes?
El estudio reveló un lado oscuro: algunos genes activados post mortem están vinculados al cáncer. Esto podría explicar por qué receptores de órganos trasplantados tienen mayor riesgo de desarrollarlo.
“Esas transcripciones genéticas podrían activarse durante el transporte del órgano al receptor”, advirtió Noble.
¿Y el cerebro? Actividad eléctrica y xenobots
Avances paralelos añaden más misterio:
En 2019, científicos de Yale reactivaron células cerebrales en cerdos muertos (sin conciencia).
Investigadores de la Universidad de Míchigan detectaron picos de actividad eléctrica en humanos tras un paro cardíaco.
Pero lo más asombroso vino de Michael Levin, biólogo de Tufts, quien demostró que células de embriones de rana muertos pueden autoensamblarse en nuevos organismos (xenobots).
“¡Me dejó impactado! Las células se reensamblaron y formaron un organismo multicelular”, admitió Noble.
La muerte, ¿un proceso reversible?
Para Jessica McCarthy, neuropsicóloga, la muerte es como “un corredor que cruza la meta: el cuerpo no se detiene de inmediato”. Mientras, Jimo Borjigin (U. de Míchigan), quien estudió ondas gamma en cerebros moribundos, insiste en que “deberíamos haber investigado esto antes”.
¿Qué significa realmente morir?
Noble, ahora retirado y dedicado a la poesía, reflexiona:
“Yo creía que la muerte era el final. No esperaba que células crecieran después”.
El debate sigue abierto: si la vida persiste o se reorganiza tras la muerte clínica, ¿estamos definiendo mal el fin de la existencia?
Con información información de Código Oculto. Mayor información: Estudio original de National Library of Medicine: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5530614/








































