La búsqueda terminó en tragedia. Este lunes, fue localizado sin vida el cuerpo de Marisela A., una joven de tan solo 18 años, desaparecida desde el pasado 4 de julio. El hallazgo ocurrió en un camino de terracería cercano al Ejido Zapata, en los alrededores de Álvaro Obregón, agencia de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, cerrando un capítulo doloroso para su familia, pero abriendo uno más inquietante para toda la comunidad.
El sitio donde fue encontrada no es desconocido para la policía ni para los vecinos. En menos de un año, esta misma zona ha sido escenario de al menos dos hallazgos más de cuerpos de mujeres, todos con elementos en común que ahora siembran la sospecha de que no se trata de hechos aislados.
UN LUGAR DONDE EL SILENCIO YA NO ALCANZA
Marisela era originaria de Álvaro Obregón. En esa comunidad, la noticia de su muerte ha provocado no solo dolor profundo, sino también temor creciente. No es la primera vez que el Ejido Zapata aparece en los registros de muerte:
El 15 de enero de 2024, fue encontrado el cuerpo de Yesenia T. L., una mujer de 30 años de San Mateo, reconocida por su esposo.
El 3 de abril del mismo año, se hallaron restos humanos cuya identidad aún no ha sido determinada.
Ahora, con el caso de Marisela, se repite un patrón alarmante: las víctimas femeninas fueron localizadas con vestimenta similar y en condiciones muy parecidas. Tres escenas que comparten más que la geografía: comparten el eco del horror y la aparente indiferencia institucional.
¿COINCIDENCIA O PATRÓN? LA PREGUNTA QUE LA FISCALÍA AÚN NO RESPONDE
A pesar de la creciente alarma social y las similitudes evidentes entre los casos, la Fiscalía General del Estado de Oaxaca no ha emitido una postura oficial sobre una posible conexión entre ellos. No hay líneas claras de investigación divulgadas, ni información pública que permita entender si se está ante un posible feminicida serial o una red criminal operando impunemente.
Mientras tanto, la población de Álvaro Obregón y comunidades aledañas empieza a hablar. Se comparten temores, se recuerdan rostros, se hacen preguntas. Hay quien asegura haber visto movimientos sospechosos en la zona. Otros, simplemente, viven con miedo.
LA EXIGENCIA: NO MÁS SILENCIO, NO MÁS NORMALIZACIÓN
Frente a la tragedia, la comunidad exige investigaciones profundas, serias y transparentes. Exige que se deje de minimizar lo ocurrido, que se actúe con diligencia y perspectiva de género. Marisela no era solo una joven más. Tenía familia, tenía sueños. Su muerte no puede ser una estadística más en un sistema que tantas veces ha fallado a las mujeres.
“Queremos justicia por Marisela. Y por todas las que no regresaron”, se lee en una manta improvisada colocada por vecinos frente a la agencia municipal.
VOZ CIUDADANA: LA INDIGNACIÓN Y EL MIEDO EN REDES
El asesinato de Marisela A. no solo estremeció a su comunidad, sino que desató una oleada de reacciones en redes sociales. La ciudadanía, harta de la inseguridad y de la aparente inacción de las autoridades, expresó su frustración, miedo e impotencia. Estos son algunos de los comentarios más representativos:
“Pongan una cámara.”
—Comentario directo que exige una acción mínima pero crucial: vigilancia en la zona donde han aparecido los cuerpos.
“Oaxaca ya está como San Luis Potosí, la inseguridad es lo que triunfa…”
—Comparación que subraya el deterioro de la seguridad en el estado y la percepción de un patrón nacional de violencia creciente.
“Que estén más atentos y ser vigilantes, desde ahora todos son sospechosos. Esperemos que encuentren al que lo está haciendo.”
—Una advertencia entre líneas que refleja el clima de paranoia y desconfianza entre vecinos.
“Son unos cobardes.”
—Una condena directa y emocional contra quienes cometen estos crímenes, sin rostro pero claramente señalados como enemigos de la comunidad.
“¿Y el flamante operativo? Solo sirve para nada…”
—Crítica irónica a los dispositivos de seguridad desplegados en la región, que la ciudadanía percibe como ineficaces.
“Y la justicia bien gracias… de envalde está la Marina, el Ejército, los policías. Ni se diga. ¿Cuántas más mujeres u hombres inocentes morirán? Qué poca. Este mundo está de mal empeor si no se acaba con los criminales.”
—Un mensaje caótico pero contundente que denuncia el fracaso de todas las instituciones involucradas en la seguridad pública.
“La seguridad está por los suelos. Aparte, con todo el respeto, se han perdido los valores en los hogares. Vemos que nuestros hijos nos faltan al respeto, ya gritan, insultan y hasta agreden a los padres. Y dejamos pasar todo, sabiendo que estamos creando a unos delincuentes.”
—Una reflexión más profunda que vincula la violencia estructural con la crisis de valores familiares y sociales.
UN TERRITORIO HERIDO QUE CLAMA RESPUESTAS
Lo ocurrido con Marisela no es solo una tragedia individual; es un síntoma de un contexto más amplio y más oscuro. Un lugar donde ya son tres cuerpos hallados en circunstancias parecidas, donde la impunidad se vuelve el terreno fértil del miedo, y donde cada día sin justicia agrava la herida.
¿Cuántas más antes de que se actúe? ¿Cuántas mujeres tienen que desaparecer, morir, ser ignoradas, antes de que se reconozca que aquí, en este tramo de Oaxaca, hay algo que no se está investigando con la urgencia que merece?
La respuesta aún no llega. Pero la exigencia ya no puede esperar.






































