Luego de más de tres horas, el primer día de cónclave para elegir al sucesor del fallecido Papa Francisco terminó con fumata negra, es decir, sin consenso en el nombre del nuevo pontífice.
El cónclave inició de manera oficial a las 17:46 de Roma, alrededor de las 9:46 horas de Oaxaca, después de que el maestro de las ceremonias de la Santa Sede, Diego Ravelli, pidiera a todos los no electores que abandonaran la Capilla Sixtina con las palabras “extra omnes (todos fuera)”.
En la Capilla Sixtina estuvieron reunidos los 133 cardenales con derecho a voto y “papables”, se recluyeron sin comunicación con el exterior para votar.
En el cónclave participan los cardenales mexicanos Carlos Aguiar Retes, arzobispo de la Arquidiócesis Primada de México y Francisco Robles Ortega, arzobispo de la Arquidiócesis de Guadalajara donde ya juraron secrecía
Más de 30 mil esperaban en alrededores de la plaza de San Pedro, donde, ya caída la noche, esperaban el resultado y observaron el humo negro.
A partir de hoy, el segundo día, habrá cuatro escrutinios al día, dos por la mañana y dos por la tarde.
Los cardenales se encerrarán de nueva cuenta hasta que uno de los cardenales consiga los 89 sufragios mínimos requeridos para ser nombrado Papa.
Si después de tres días los cardenales no se han puesto de acuerdo y nadie obtiene los 89 votos necesarios, dos tercios del total, dispondrán de un día de pausa para reflexionar.
Cuando se produzca el humo blanco, el nuevo papa, el pontífice número 267 de la Iglesia católica, se presentará ante los fieles.
Elección del nombre del nuevo Papa
La elección del Papa tiene su vía principal en el Cónclave. Dos preguntas, después de una votación válida, preceden a la vestimenta papal del nuevo obispo de Roma por primera vez: Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem? ¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice? ¿Quo nomine vis vocari? (¿Cómo queréis que os llamen?)
Si se acepta la elección, la multitud de fieles escuchará al protodiácono pronunciar estas palabras en latín que resonarán en todo el mundo: ” Nuntio vobis gaudium magnum: habemus papam! Eminentissimum et reverendissimum dominum…, qui sibi imposuit nomen” . Les traigo una gran alegría: ¡Tenemos al Papa! El eminentísimo y reverendísimo señor… que se ha dado a sí mismo el nombre…” Estas palabras suelen pronunciarse desde la logia central de la Basílica de San Pedro. El nombre del nuevo Papa queda como la primera palabra grabada en la mente no sólo de los cristianos.
Un nuevo nombre
En la fórmula del anuncio, conocida con la expresión “Habemus papam”, la pronunciación de la palabra nomen, uno de los elementos esenciales que distinguen la identidad de una persona, es un momento crucial, que precede a un “nacimiento”, a la elección de una nueva identidad. Es el momento en el que la multitud, atraída por el humo blanco a la Plaza de San Pedro, se dispone a conocer el nombre elegido por el nuevo Papa. El nombre pontificio se pronuncia, tradicionalmente, en uno de los dos casos de la gramática latina, genitivo o acusativo, pero en pasado, también en nominativo, y posiblemente va seguido de un adjetivo numeral ordinal. Por ejemplo, si el nuevo Papa decide llamarse Franciscus como su predecesor, en este caso el nombre del 267º Pontífice será el de Papa Francisco II.
Los nombres más usados y los que nunca se eligen
La tradición de cambiar el nombre después de ser elegido para el trono papal se ha convertido en una costumbre a lo largo de los siglos. Está vinculado a los orígenes de la historia de la Iglesia. Pedro es el nombre del primer Papa. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, dijo Jesús a uno de sus apóstoles que, en realidad, se llamaba Simón. El nombre bautismal es sustituido por el pontificio, casi para resaltar “un segundo nacimiento” al que es llamado el obispo de Roma después de su elección. Entre los nombres más utilizados por los Pontífices después de su elección están los de Pío, Gregorio, Juan, Benedicto, Inocencio, León y Clemente. La lista de nombres de los Pontífices incluye, entre otros, los de José, Santiago, Andrés y Lucas. Ningún Pontífice, hasta ahora, ha elegido llamarse Pedro como el primer Pontífice.
El nombre de los Santos y Apóstoles
El nombre pontificio está unido en muchos casos al de los santos, a los de los apóstoles. Pablo VI, por ejemplo, motivó esta elección con las siguientes palabras: “Pablo, dijo el papa Montini durante su homilía del 30 de junio de 1963, es el apóstol que amó a Cristo de una manera suprema, que deseó y se esforzó por llevar el Evangelio de Cristo a todos los pueblos, que ofreció su vida por amor a Cristo”.
El papa Bergoglio eligió un nombre nunca usado por ninguno de sus predecesores. En la audiencia con representantes de los medios de comunicación el 16 de marzo de 2013, el papa Francisco explicó su elección con estas palabras: “Me llegó al corazón el nombre: Francisco de Asís”. Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y protege la creación”.
El nombre del 267º Papa
En estos días que preceden al inicio del Cónclave, sólo se pueden formular hipótesis sobre el nombre del 267º Pontífice en la historia de la Iglesia. Presumiblemente será el de alguno de sus predecesores, probablemente el de un santo. Quizás sea un nombre que ya se haya usado muchas veces en los dos mil años de historia de la Iglesia. También puede ser un nombre nunca elegido hasta ahora. Ciertamente lo que escogerá el nuevo obispo de Roma será el nombre del nuevo vicario de Cristo que se insertará en una sucesión de nombres, de enseñanzas, de ministerios.










































