Caras largas, pasos apresurados, mejillas apretadas, rostros requemados por el sol, nulo transporte público, carencia de elementos policiacos, hartazgo e irritación es la crónica de un día difícil para la ciudad de Oaxaca ante la enésima movilización de normalistas.
Desde las 7:00 horas la capital se ha convertido en un caos. Un puñado de jovenzuelos han ahorcado al norte de la ciudad con los bloqueos en la terminal de autobuses de primera clase y el crucero llamado de Fonapas. La policía y autoridad han sido las grandes ausentes.
Es el Palacio Municipal, el bloqueo está muy lejos. Funcionarios del gabinete de “seguridad” encabezados por el secretario de Gobierno, Jesús Romero López, llevan a cabo una conferencia de prensa bien resguardados. Romero López justifica la inacción del gobierno “nunca vamos a reprimir a los normalistas”, revira a una pregunta a modo de reportera.
Es la avenida Porfirio Díaz, un hombre se estaciona y del auto donde viaja baja una persona de la tercera edad con una gran bolsa de plástico, sin duda estudios de gabinete y no es difícil suponer que se traslada a una consulta médica: ni modo, a caminar.
Frente a la sucursal de una farmacia frente al Paseo Juárez, El Llano se apiñan usuarios del transporte público, la avenida Reforma está semivacía y no se ven rastros de autobuses. Transcurren 10, 20, 40 minutos hasta acumular una hora. La paciencia se agota y no se consiguió algún maltrecho urbanero para trasladarse. Ni modo: a caminar.
Aparece una patrulla de la Policía Vial y apenas señala que abrirá una vía alterna “para descargar un poco al centro de la ciudad”. ¡Mejor quiten el bloqueo! Revira el ciudadano, el uniformado hace caso omiso. Ni modo: a caminar.
Es tarde, comienza a apretar el sol del mediodía, las personas, hombres, mujeres, niños, adolescentes caminan de norte a sur, de poniente a oriente o viceversa. Ya van tarde: a la escuela, al trabajo, a una cita médica o personal, a realizar un trámite, adquirir un bien, todos llevan una historia a cuestas afectado por el “contratiempo” del bloqueo de normalistas. A caminar.
No hay transporte, los taxis encienden las luces, tocan el claxon. Es su momento. Si alguien se atreve a abordar, la tarifa ha aumentado; el bloqueo de los “pobres normalistas” pega precisamente a los más pobres. Ni modo: a caminar.
Tres motociclistas se acercan al bloqueo donde dos vetustos autobuses impiden el paso, bajan desde Porfirio Díaz, cuatro adolescentes embozados, dos hombres y dos mujeres, les cierran el paso. Los bajan de las motos y los obligan pasar caminando y arrastrando el vehículo. Esa misma escena se repite sobre Niños Héroes. Una zona de la ciudad es propiedad de los normalista.
Los ciudadanos no saben, nadie les explica las causas, razones o demandas de los seudo estudiantes. Y, desde Palacio de gobierno “no vamos a reprimir a estudiantes”, dice Romero López y remató a los ciudadanos les pidió “aguanten”.





































