El campo mexicano enfrenta una crisis profunda que afecta tanto a los pequeños productores como a las comunidades rurales que dependen de la agricultura como principal sustento. A pesar de ser una actividad esencial para la seguridad alimentaria del país, diversos factores estructurales, económicos y sociales han contribuido a la precariedad del sector agrícola.
Uno de los principales problemas es el acceso limitado a recursos esenciales como agua, semillas de calidad y tecnología agrícola. La infraestructura hídrica deficiente y la sobreexplotación de acuíferos han agravado la crisis hídrica, dejando a muchos agricultores sin la capacidad de regar sus cultivos. A esto se suma el cambio climático, que ha intensificado fenómenos como sequías, inundaciones y temperaturas extremas, afectando negativamente los rendimientos agrícolas.
Los pequeños productores, que representan la mayor parte del sector, carecen de acceso a créditos y apoyos gubernamentales suficientes para invertir en sus tierras. En contraste, grandes corporaciones agrícolas dominan el mercado y acaparan los recursos, generando una concentración de beneficios y dejando a los pequeños agricultores en desventaja.
Aunado a ello, la dependencia de las importaciones de alimentos también es un factor preocupante, ya que en la actualidad importa una parte significativa de los alimentos básicos como maíz, trigo y arroz. Esto no solo pone en riesgo la soberanía alimentaria del país, sino que también reduce los ingresos de los productores locales, quienes deben competir con precios más bajos provenientes del extranjero.
Rescatarlo no solo es una cuestión económica, sino también una tarea esencial para preservar la identidad y la estabilidad social de México, ya que la migración de jóvenes del campo hacia las ciudades o al extranjero refleja la falta de oportunidades económicas en las áreas rurales.
Respaldo a mujeres
La educación tecnológica ha permitido que el desarrollo innovador impulse la economía de los países; sin embargo, en nuestro país y en especial en nuestra entidad, carecemos de espacios para el desarrollo de las mujeres y niñas. Si bien 52.6% de las mujeres cursan el nivel básico y 52.9% de hombres también lo hacen, no ocurre lo mismo en los niveles medio superior, donde sólo 18.7% de las mujeres lo cursan, mientras que 20.9% de los hombres lo hacen.
En Oaxaca, la figura de la mujer –hija, madre, abuela- representa el sustento lo cual obliga a alentar y promover la capacidad de las mujeres que emprenden, que son vida y sustento de nuestra entidad. La participación de las mujeres es esencial para el crecimiento no solo de ellas, sino de los municipios, de los estados y del país.
Si hay algo que se les puede reconocer a las mujeres es el esfuerzo y la dedicación, la voluntad para librarse de los obstáculos y abrirse camino, siempre con un alto nivel de compromiso, responsabilidad y entrega. En nuestro estado hay mujeres que no están trabajando, aunque tienen estudios a nivel licenciatura o posgrado. Sin duda, perdemos un enorme potencial.
Ya no solo hay mujeres empleadas, sino que hay quienes buscan mayores posibilidades de superación y muchas de ellas se han lanzado, incluso, a la aventura de ser empresarias, lográndolo con éxito. Si hay algo que se les puede reconocer a las mujeres mexicanas es el esfuerzo y la dedicación, la voluntad para librarse de los obstáculos y abrirse camino, siempre con un alto nivel de compromiso, responsabilidad y entrega.



































