Mayoría aplastante, ¿quién debe ser la oposición?
La toma de protesta de la nueva legislatura del Congreso del Estado ha dejado claro el dominio de la coalición gobernante conformada por Morena, el Partido del Trabajo, el Partido Verde y Fuerza por México. Con un total de 37 diputaciones, esta coalición tiene el poder para llevar a cabo cualquier modificación que considere necesaria en las leyes locales. Es una mayoría abrumadora que, en teoría, tiene el potencial de transformar al estado. Pero, ¿hasta qué punto es esto beneficioso para Oaxaca?
La situación se complica cuando observamos el resto de los actores políticos en el Congreso. Existen tres legisladores que decidieron conformar el llamado “Grupo Plural”. Estos diputados renunciaron a sus partidos y a sus respectivos grupos parlamentarios, pero en lugar de unirse a la verdadera oposición, han preferido crear un grupo que, más que representar una postura contraria, se alinea con el grupo dominante en el poder para tener beneficios personales. De esta forma, no hay un contrapeso real ni una voz disidente que cuestione las decisiones que tome la mayoría.
Por otro lado, la oposición “real”, o al menos la que debería serlo, se reduce a solo dos legisladores: uno del PRI y otro de MC. Con este contexto, está claro que la oposición en el Congreso será testimonial, sin posibilidad de influir en las decisiones y con una capacidad nula de detener iniciativas que vengan de la mayoría. Así, nos enfrentamos a una situación en la que la pluralidad de ideas está en riesgo, y donde la posibilidad de que haya un verdadero debate parece lejana.
Este panorama nos lleva a una reflexión importante: ¿qué pasa cuando no hay una oposición fuerte? ¿Qué sucede cuando una mayoría tiene todo el poder, sin límites más allá de los que ellos mismos se impongan? La respuesta es sencilla, aunque inquietante. En una democracia, la oposición tiene la función de cuestionar, enriquecer, y, cuando es necesario, limitar el poder de la mayoría. Sin ese contrapeso, el riesgo es que las decisiones que se tomen no sean sometidas al escrutinio necesario, y que se aprueben reformas y modificaciones sin un verdadero análisis o discusión.
Entonces, ¿quién debe ser la verdadera oposición en Oaxaca? La respuesta es clara: nosotros, LOS CIUDADANOS. Tenemos la responsabilidad de exigir que se dé un verdadero debate, que haya un diálogo entre el Congreso y la sociedad civil, y que cualquier modificación tenga como resultado una mejora para todos. Es fundamental que exijamos a nuestros legisladores que hagan su trabajo: que estudien las leyes, que las debatan, que las mejoren, y que escuchen a personas con experiencia en cada tema antes de aprobar cualquier cambio. Debemos pedir que no se repitan situaciones como la reforma de la supremacía constitucional, aprobada prácticamente sin discusión, en tan solo 20 minutos y de manera virtual, durante la legislatura anterior.
Este es un llamado a comprometernos con nuestro entorno, a informarnos sobre lo que sucede en Oaxaca y a exigir resultados. No se trata solo de criticar o de señalar los errores, sino de ser partícipes activos en la construcción de un mejor estado. La mayoría en el Congreso de Oaxaca es el resultado de una votación legítima, y tienen la capacidad legal de hacer los cambios que consideren necesarios. Pero el único límite que tienen es el que ellos mismos se pongan, y ahí es donde radica el riesgo.
Sin una ciudadanía informada y exigente, la mayoría puede actuar sin el contrapeso necesario. Sin seguridad jurídica, sin un verdadero debate, no habrá crecimiento ni bienestar. Si no levantamos la voz, si no exigimos que las decisiones se tomen pensando en el bien común, seguiremos viendo cómo las reformas se aprueban sin análisis y sin discusión. El poder de transformar Oaxaca está en manos de la mayoría, pero el deber de vigilar y exigir que ese poder se ejerza de manera responsable es de todos nosotros.



































