Crear conciencia sobre el impacto de la diabetes en la salud de las personas y buscar destacar las oportunidades que existen para fortalecer la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la diabetes es una tarea impostergable, de ahí la necesidad de fortalecer el acceso a una educación en diabetes de calidad tanto para el equipo de salud como para las personas que viven con ella, sus cuidadores y la sociedad en general.
La diabetes es también llamada “enfermedad silenciosa”, pues puede desarrollarse en las personas sin mostrar síntomas al inicio. Si no se maneja apropiadamente, es capaz de conducir a graves complicaciones; por ejemplo, presentar problemas cardíacos, renales, oculares y circulatorios. Éstas pueden derivar en una serie de discapacidades permanentes o hasta una muerte prematura.
Sin embargo, la diabetes se puede prevenir o retrasar manteniendo una dieta saludable, una actividad física regular, un peso corporal normal, y evitando el consumo de alcohol y tabaco. En México la situación es alarmante; desde el año 2000, la diabetes ocupa en los parámetros nacionales el primer lugar como causa de muerte entre mujeres y el segundo en el caso de los hombres.
En la actualidad, debido a la pandemia mundial provocada por el virus SARS-CoV-2, también conocido como Covid-19, encontramos que en México, de acuerdo con la Secretaría de Salud, el 71% de las personas fallecidas padecía una o dos comorbilidades, siendo la hipertensión (42.4%), la diabetes (37.1%) y la obesidad (24.8%).
La obesidad y la diabetes cobraron una mayor relevancia en el tema, luego de detectarse que eran factores de mayor riesgo para la población ante el virus y, con mayor medida, cuando siete de cada diez mexicanos padecen estas comorbilidades.
Esto demuestra que sigue existiendo una necesidad significativa de más educación y financiación para equipar al personal de enfermería y para apoyar a los pacientes con diabetes y aquellos en riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Urgen viviendas
La combinación de una enorme dispersión poblacional en una superficie que es en 70 por ciento montañosa, lo cual implica gran dificultad para hacer llegar la infraestructura social y productiva a las localidades, así como el encarecimiento de los bienes y servicios. Hoy la vivienda requiere de un espacio de tierra adecuada y destinada exclusivamente para su desarrollo, contemplando accesos y los servicios de electricidad, agua y drenaje.
Pocas o ninguna otra actividad genera una derrama económica tan importante, ya que impacta en 37 ramas de la economía y representa 6.4% del Producto Interno Bruto nacional (PIB). Por ello la importancia y la necesidad de ordenar el crecimiento de asentamientos humanos, dotarlos de equipamiento urbano, infraestructura y servicios necesarios para propiciar su desarrollo, es una tarea mayor para todos quienes están inmersos en el tema.
Debido a que los cambios en el uso de suelo afectan negativamente el desarrollo local, inciden al mismo tiempo en los índices de competitividad, debilitan el aparato productivo y lesionan negativamente la calidad de vida de las familias, la enorme tarea es atender los centros urbanos que presentan obstáculos para una urbanización ordenada debido a la accidentada orografía del estado y a la carencia de infraestructura y servicios, lo que se traduce en el aislamiento y dispersión de sus asentamientos.
Los asentamientos espontáneos, marginales, descontrolados o informales son formas de hábitats precarios establecidos en su mayoría en zonas urbanas. Estos asentamientos son creados por un sector de la población sin los permisos de los organismos competentes, con un reducido ingreso económico, que al construir de forma ilegal fomentan la exclusión, por ser zonas sin dotación de servicios básicos, carentes de planificación, en las que se desarrollan construcciones de manera anárquica y para las cuales no se prevén recursos de las diversas instancias gubernamentales.

































