El Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Movilidad, autorizó un incremento a la tarifa del transporte urbano a partir del martes 6 de noviembre, de 8 a 10 pesos. Una exigencia de los concesionarios que se cumple debido a que argumentan alzas al combustible, refacciones, neumáticos, refacciones, así como los ingresos que dejan de percibir por subsidiar a las personas de la tercera edad y estudiantes.
Los empresarios del transporte también sostienen que son presa de la presión y chantaje por parte de presuntos estudiantes que se dedican a retener sus unidades, lo que violenta el Estado de Derecho y alienta la impunidad de los grupos de presión, pues, además de trastocar la estabilidad y paz social, se vulneran garantías de terceros.
Son millones de pesos los que se pierden con este tipo de acciones al margen de la ley, pues los empresarios del transporte como los trabajadores ven mermar sus ingresos, además de suspender el servicio a colonias de la periferia donde los más afectados son las clases populares.
Sin duda, los más afectados serán los usuarios cuya economía mermará sensiblemente, ya que las empresas Choferes del Sur, Tucdosa, Transportes Urbanos y Suburbanos Guelatao (Tusug), así como Servicio Exprés Antequera Sertexa, no se han comprometido a nada, a pesar de que la mayor exigencia es mejorar la calidad del servicio del transporte público en la capital.
Es indudable que el transporte en Oaxaca requiere unidad, orden y capacidad para resolver los problemas que se han complicado sensiblemente por culpa de políticos que no conocen su problemática y la han complicado con soluciones irresponsables.
El gran reto es transformar la actual realidad para convertirse en un sector moderno, ordenado y decidido a fomentar inversiones que ayuden a detonar la economía del estado. El transporte ha sido tocado por diferentes situaciones políticas y económicas que los ha colocado en severo rezago.
Rescate de ríos
Debido a que los fenómenos naturales que con mayor frecuencia ocurren son aquellos relacionados con las precipitaciones pluviales extremas, por lo regular asociadas con la entrada de huracanes y tormentas tropicales entre los meses de junio y noviembre, urge acudir a la limpieza de los ríos que cruzan la capital.
Atender los cauces como prevención para la próxima temporada de lluviosa, pues además de caudalosas avenidas de agua por cauces y arroyos, provocan el deslizamiento de suelos y rocas sobre las laderas de los cerros. Un porcentaje considerable de la población del municipio, así́ como parte de su infraestructura, están asentados sobre sitios que presentan diferentes grados de peligro asociados con los fenómenos naturales antes mencionados, lo cual genera escenarios de riesgo.
De ahí la importancia de recuperar el lecho de los ríos Atoyac, Salado y San Felipe, pues debido a que son arrojadas toneladas de basura y desperdicios urge evitar que lleguen las lluvias y siga su contaminación. El Atoyac continúa siendo gravemente contaminado e incluso robado, pues a su paso por el Mercado de Abasto poco a poco le van ganando terreno con el riesgo de provocar afectaciones en un futuro inmediato.
Recuperar los afluentes evitará situaciones delicadas, pues es indudable que la falta de desazolve para limpiar el río y evitar inundaciones, la permisividad para que fraccionamientos habitacionales descarguen aguas negras sin atención a leyes de protección ambiental y desechos, el saqueo de material pétreo, van afectando los ríos.
Si bien, a la administración municipal le toca custodiar la zona de 1.7 kilómetros sobre ambos márgenes del afluente, ha sido poca efectiva para evitar los asentamientos como también la extracción de material pétreo en la zona, aunado a la construcción de galeras. Tal situación ha evitado avanzar en la intención de recuperar el cauce en perjuicio de todos los oaxaqueños.



































