La extorsión se ha convertido en los últimos años en un problema cada vez más grave. Así lo evidencian los recientes episodios de violencia. La preocupación por el incremento de estos ilícitos radica en que afectan directamente a los negocios, y dañan la democracia y la convivencia pacífica, tan necesaria en México.
De ahí el reto de visibilizar esta situación porque sin seguridad pública, sin seguridad jurídica y sin infraestructura, México perderá la oportunidad de atraer nuevas inversiones por un monto cercano a 35 mil millones de dólares gracias al fenómeno de relocalización de empresas o nearshoring. Pero también hay que decirlo: sin seguridad para los ciudadanos y sin un combate frontal a la extorsión no habrá una efectiva transformación de la sociedad.
Actualmente se insiste en establecer competencias y formas de coordinación para prevención, investigación y sanción de los delitos en materia de extorsión entre el Gobierno Federal, las entidades federativas y los municipios. En este tipo de delito, los delincuentes amenazan a la víctima con supuestos escenarios de riesgo o peligro para ella o sus familiares, tales como amenaza de daño físico o patrimonial, secuestros, o incluso la muerte.
En estos casos, los criminales utilizan la violencia psicológica para intimidar a las víctimas, por ello es usual que recurran a las agresiones verbales, de modo que la persona afectada pague cierta cantidad de dinero, entregue bienes materiales, o en su caso, envíe o deposite dinero.
Algunas asociaciones civiles han alertado que este se ha convertido en el delito más frecuente y más del 50% de las víctimas entrega el dinero para evitar un daño físico o material. La creciente extorsión no ha acaparado los titulares, pero ha sido la consecuencia aún más corrosiva de una estrategia de seguridad que nunca mereció esa etiqueta.
Cambio climático
El cambio climático es una amenaza real para el planeta: causa estragos en las cosechas, provoca sequías mortales e inundaciones. Como suele suceder, las personas más afectadas por sus terribles consecuencias son las que viven en entornos más desfavorecidos.
Acentúa la desigualdad entre las personas y a muchas de ellas las está condenando a una pobreza cada vez más irreversible. Pero no solo eso: también es un serio riesgo para la salud de las personas, para el futuro de la agricultura y para la biodiversidad del planeta.
Conscientes de que se debe hacer mucho en Oaxaca, el cambio climático va tomando más relevancia como un tema necesario para abordarlo desde diferentes perspectivas, pues la emergencia de este fenómeno no solo está enmarcada por un latente posicionamiento teórico, sino que desde sus impactos relacionados con los seres humanos se va haciendo mayor énfasis en abordarlo como un fenómeno natural y social.
Es producto principalmente de la actividad humana, y en especial en Oaxaca, se ha observado cómo el clima se ha modificado no a partir de un proceso natural, sino que tiene que ver con todas las acciones contaminantes que como seres humanos vamos generando. Hoy se advierte que las lluvias pueden descender 20 por ciento hacia 2080 y las sequías derivadas ocasionarían que México incumpliera sus metas de 0 por ciento de deforestación hacia 2030.
Ante este escenario, es necesario elaborar un plan de acción para promover políticas que busquen revertir la pérdida de la diversidad mediante una gestión integral de paisajes marinos y terrestres y de prácticas sostenibles que garanticen la salud de los ecosistemas.
Oaxaca no puede seguir perdiendo sus bosques y no hacer nada, tiene que dar la pauta a través de sus instrumentos de política pública para detener sus procesos de deterioro y hacer planteamientos amplios de integralidad política.



































