Nuestro estado necesita contar con una sociedad proactiva, más exigente y participativa, pero también con instituciones que impulsen la conformación de una nueva generación de ciudadanos más demandante de sus autoridades y más informada. Debido a que persiste opacidad de los sujetos obligados para informar con puntualidad a los ciudadanos que demandan transparencia, promover e impulsar la cultura de rendición de cuentas, la transparencia es una tarea impostergable.
Tal reto reclama de la participación de todos los sectores, la capacitación de servidores públicos en el rubro de trasparencia y rendición de cuentas, como un primer paso para desterrar discrecionalidad. En momentos en que a nivel nacional se está por definir el futuro de los organismos autónomos, entre la sociedad oaxaqueña persiste el reclamo para que todos ellos cumplan con su compromiso con la transparencia y rendición de cuentas, que obligue a todos los servidores públicos de entregar cuentas claras, en tiempo y forma, tal y como establece la ley.
Después de décadas de constante esfuerzo y lucha permanente, corresponde a todos los oaxaqueños promover la transparencia, la rendición de cuentas y el gobierno abierto, a través de valores y desde la mirada de la ética, la moral y la responsabilidad que deben observarse en el servicio público sea privado o público.
Es indudable que la abundancia legislativa en materia de transparencia no garantiza su pleno y verdadero ejercicio, pues si algo escasea es voluntad política para hacer la transparencia realidad. La transparencia es un indicador de avance democrático y se expresa en la capacidad de los gobiernos de informar honesta y claramente a la ciudadanía sobre su quehacer, la forma en la que gastan los recursos públicos y los resultados que obtienen.
También se refleja en el compromiso por encontrar fórmulas que armonicen, en beneficio del interés público, el derecho de acceso a la información y las posibles causas de reserva. Uno de los agravios más fuertes es precisamente la ausencia de información y cuentas claras como algo esencial para que la ciudadanía pueda evaluar de mejor forma a sus gobernantes y representantes.
Transición demográfica
Las entidades que presentaron mayor avance del envejecimiento son Oaxaca, Ciudad de México, Zacatecas, Nayarit, Yucatán, Michoacán, Veracruz y San Luis Potosí. Algunas de ellas se encuentran en una fase más avanzada de la transición demográfica como la capital del país, pero en otros como nuestro estado el envejecimiento se debe más bien a la emigración.
Los ritmos diferentes del envejecimiento entre las entidades federativas se deben no sólo a que tienen distinto grado de avance en su transición demográfica, sino también al efecto de la migración, tanto entre los estados como hacia el exterior del país. En la medida que avanza el proceso de envejecimiento se harán más pronunciadas las diferencias entre entidades federativas.
El envejecimiento poblacional tendrá que ser estudiado a conciencia y se tendrán que planear oportunamente las estrategias para su atención, ya que la forma de envejecer del pueblo mexicano es del todo diferente a la de los países europeos, que ya han transitado por el mismo fenómeno, pero con matices socioeconómicos, culturales, demográficos y de salud diferentes.
Cada día 2 mil 332 personas alcanzan la edad de adultos mayores, grupo que en breve tendrá la tasa más elevada de crecimiento. Para 2050, 21.5 por ciento de la población mexicana, 32 millones, será de 60 años o más. Datos del Consejo Nacional de Población (Conapo) indican que en nuestro país la baja fecundidad y las ganancias en la esperanza de vida han ocasionado que la población comience a envejecer y, en menos de 50 años, se convierta en un país con una importante proporción de adultos mayor.




































