Para que un caso de robo de identidad ocurra no se necesita más que acceder a información que es fácil de conseguir, como: el nombre, el domicilio, los números de cuenta bancaria, de tarjetas de crédito, el de Seguro Social, o los números de cuenta de algún seguro médico. Este delito lo llevan a cabo para poder abrir cuentas de crédito, contratar líneas telefónicas, seguros de vida, efectuar compras o para realizar el cobro de seguros de salud, de vida y de pensiones.
De acuerdo con información del Banco de México, nuestro país ocupa el octavo lugar a nivel mundial en este delito, siendo los casos de pérdida de documentos los más comunes (67%), seguidos de los robos de carteras y portafolios (63%), y finalmente, los casos de información tomada directamente de una tarjeta bancaria (53%).
Es un método de fraude en el cual una persona obtiene, transfiere, utiliza o se apropia de manera indebida de los datos personales de otra sin su autorización, usualmente para cometer un fraude o delito. La identidad la constituyen los datos personales, tales como: nombre, teléfono, domicilio, fotografías, huellas dactilares, números de licencia y de seguridad social, incluyendo información financiera o médica, credenciales de identificación, así como cualquier otro dato que permita identificar a una persona.
En muchos casos el ladrón de identidad utiliza la información ilegalmente adquirida para contratar productos y servicios financieros, para transferir recursos de las cuentas a nombre de la víctima a un tercero, o también para hacer compras. Lo que preocupa y ocupa es el crecimiento de este presunto delito, sobre todo la afectación a los usuarios, que de un día para otro ven desaparecido su patrimonio.
Es el quinto delito que más reclaman a los usuarios de bancos en México, solo detrás de fraudes, operaciones de banca remota, comercio electrónico y movimientos operativos de la banca. Las causas de reclamación consideradas como robo de identidad son: la compra de un producto no reconocido, la suplantación de Identidad y los retiros de efectivo no reconocidos.
Alimentos caros
Los hogares con menores ingresos destinan una fracción mayor del gasto a la compra de alimentos, que ha sido precisamente el rubro con mayor incremento en precios. En particular, los hogares con ingresos bajos dedican la mitad de sus gastos totales a la compra de alimentos, bebidas y tabaco. En contraste, los hogares de altos ingresos dedican sólo el 28% de su gasto a la compra de estos bienes.
Un hogar con ingreso promedio mensual de 3 mil pesos (que forma parte del primer decil de ingresos) destina más del 10% de su gasto a la compra de pan, tortillas y cereales, mientras que un hogar con ingresos mensuales superiores a 54 mil pesos (parte del decil 10) destina menos del 3% de su ingreso a ello.
Por ende, la inflación que han mantenido estos productos a lo largo del año ha afectado en mayor medida el poder adquisitivo de quienes dedican una fracción mayor de su ingreso para adquirir esos productos alimenticios.
Con incrementos de hasta 200% en algunos alimentos y productos de primera necesidad, todo hace indicar que el paquete anti-inflacionario gubernamental no logró contener la espiral inflacionaria en el país. Hoy el llamado es a prepararnos para lo peor, para poder sortear los retos que nos imponga la realidad en las mejores condiciones posibles, en estos tiempos de incertidumbre, guerra, cambio climático e inflación.
La cebolla, chile, jabón de baño, jitomate, naranja, chiles en escabeche, tomate, huevo, sal de mesa y frijol, son los productos con mayor variación en los precios, lo que afecta a las familias mexicanas.
El reporte de los mercados en el país confirma que la inflación alimentaria en el país sigue azotando el poder adquisitivo de los consumidores mexicanos. A pesar de que en este año el salario mínimo registró un aumento de 20 por ciento con respecto a 2023, aún es insuficiente para adquirir los 123 productos que integran la canasta básica.


































