Terminan las campañas políticas y una vez más el clamor de los ciudadanos es revisar el financiamiento de los partidos políticos que en momentos de “austeridad republicana” es necesario aplicar. La crítica se centra principalmente en el monto tan elevado de financiamiento con recursos públicos y los magros beneficios que el actual sistema de partidos representa para la democracia mexicana.
Hace algún tiempo se planteó la reducción del financiamiento de los partidos políticos, iniciativas diversas en donde se ha propuesto, entre otras cosas, que los institutos no reciban financiamiento en año no electoral, la reducción de 60 por ciento del presupuesto a los partidos políticos, ya que representa un gasto fuerte del que se puede prescindir.
Reformar el artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y el artículo 51 de la Ley General de Partidos Políticos para modificar la base a partir de la que se calcula el financiamiento de los partidos políticos, de tal forma que sean la votación válida emitida en la elección federal o local anterior y no el padrón electoral como sucede actualmente.
Sin duda, el excesivo monto del financiamiento de los partidos políticos vuelve a ser parte del debate nacional, mismo que está incidiendo en la pérdida de confianza de los ciudadanos con respecto de estas instituciones, lo que repercute negativamente, de cierta manera, en la calidad y legitimidad de la democracia, ya que los partidos políticos son instituciones básicas de toda democracia electoral.
Por un lado, existen voces críticas que señalan que es excesivo el monto de los recursos económicos de origen público que reciben los partidos e instituciones electorales, mientras que por otro lado, se argumenta que para poder fortalecer y consolidar la naciente democracia política es necesario otorgar recursos suficientes a los partidos como instituciones esenciales de todo régimen democrático. Ha llegado el momento de revisar las actuales condiciones y actuar en consecuencia.
Árboles olvidados
Las escasas lluvias que se han abatido sobre Oaxaca de Juárez con intensos vientos han ocasionado que muchos árboles hayan sido derribados y hoy se hayan convertido en leña, un serio golpe al medio ambiente para mantener nuestros ecosistemas sanos. La falta de previsión de nuestras autoridades para revisar las condiciones en que se encuentra cada uno de ellos, así como su falta de mantenimiento han ocasionado estos percances.
No existen las podas preventivas como una labor para evitar que los vientos y las lluvias derriben los árboles y causen daños, como tampoco políticas públicas para mirar hacia un futuro sustentable, en donde nuestras próximas generaciones sean conscientes de la importancia de los recursos naturales.
La poda de árboles permite liberar o eliminar el riesgo que significa el arbolado que se encuentra fracturado, seco o invadida por alguna planta parásita o plaga, y para cuidar la integridad física de la ciudadanía, pues el arbolado seco significa un alto riesgo en vialidades y por el cableado.
Nuestra capital necesita urgentemente de más áreas arboladas, pues los árboles desempeñan un papel fundamental en la vida gracias a sus múltiples funciones, bienes y servicios ambientales que nos proporcionan, estos ecosistemas conservan la biodiversidad y el hábitat.
Los árboles protegen al suelo para evitar la erosión, producen oxígeno, captan agua, protegen del ruido, regulan la temperatura, también son barreras contra el viento, mejoran el paisaje, dan sombra, retiene contaminantes, entre otros aspectos.
En las ciudades, son principalmente responsables de proporcionar parte del oxígeno que respiramos y eliminar dióxido de carbono, pero además, reducen la velocidad del viento, de la contaminación ocasionada por el ruido y del aire. El reto de conservar los pocos árboles que aún se mantienen de pie en la ciudad, es tarea imperiosa ante la creciente deforestación.



































