La debilidad de un Estado de Derecho que proteja la integridad física de las personas y de los bienes, genera un ambiente poco propicio para la inversión y el comercio, lo que impacta negativamente la formación de capital, la competitividad de las empresas y la generación de empleos productivos. Pero, sobre todo, deteriora la vida cotidiana de las personas que día a día ven disminuir la aplicación estricta de la ley en contra de quienes alientan actos delictivos.
De ahí que la situación de inseguridad que atañe diversas zonas del país y que ya invaden a Oaxaca, sea un reflejo de las consecuencias de no atacar las causas de fondo como la impunidad y violencia que padecen muchos mexicanos. Sin duda es uno de los principales problemas que menoscaban el progreso de la sociedad y que más afectan el bienestar de las familias y la estabilidad de las empresas.
Sin duda existe preocupación por el aumento de la pobreza en zonas urbanas, debido a que en éstas las carencias pueden derivar en resentimientos sociales y delincuencia con mayor facilidad que en las áreas rurales. Hoy se reconoce que combatir esta pobreza urbana no admite dilación porque estos contrastes, esas desigualdades que se dan en las ciudades generan un clima de más violencia, de violencia social. La desigualdad que se genera en las ciudades genera encono, resentimiento.
Algunos problemas que se registran en esas zonas reflejan la relación que existe entre pobreza urbana y violencia social. Son zonas donde de manera reincidente no hay una presencia institucional del Estado mexicano de manera notable. Existen los servicios urbanos, pero son precarios, como también los servicios educativos, pero son de mala calidad. Sí existen servicios de seguridad pública, pero son deficientes. Y esto, entre el hacinamiento, la falta de oportunidades y las condiciones precarias de vida, genera cierto tipo de violencia.
Cuidar bosques
En la actualidad combatir la degradación del suelo y asegurar una agricultura sustentable, más que una opción, es un tema prioritario para el país, por eso no se debe permitir que la riqueza natural se pierda en los ríos y mares, amenazando la capacidad de nuestros hijos para producir alimentos en el futuro. Este círculo vicioso no lo debemos tolerar, debemos trabajar para conservar los recursos naturales que aún nos quedan y para restaurar todo lo que nos sea posible.
Ante escenario tan devastador, urge proteger el medio ambiente en nuestro estado antes de que sea demasiado tarde y nos enfrentemos a escenarios como los que se viven en la capital del país y que involucran a los estados de la llamada Megalópolis. En nuestro territorio la deforestación por el avance de la frontera agrícola y prácticas agropecuarias inadecuadas aumentan el fenómeno de desertificación, lo que, sin duda, se acentuará con los efectos del cambio climático que ya son patentes en nuestro país.
El cambio de uso del suelo, los incendios forestales y el método de roza y quema que realizan los campesinos en bosques y selvas han provocado que la entidad pierda 20 por ciento de sus tierras forestales durante los últimos cinco años. Las instancias oficiales han informado que las regiones más afectadas son la Mixteca y la Sierra Sur, ya que la tierra se ha degradado de manera continua y va desde afectaciones leves a graves.
Las zonas de la Sierra Mixe-Zapoteca y los Chimalapas son las más afectadas por los incendios forestales y la tala inmoderada que han acabado con cientos de hectáreas de bosques y selvas. En la sierra Mixe del Istmo de Tehuantepec la creación de nuevos campos agrícolas en zonas boscosas pone en riesgo la flora y fauna de la región al deforestarse anualmente más de 20 hectáreas de bosques en Nativitas Coatlán. Los principales factores son la falta de agua y la intervención directa de la mano del hombre, pues éste ha acelerado dicho proceso de degradación y desertificación de los bosques y zonas naturales.






























