Los excesos y atropellos del poder público nos han puesto en la disyuntiva de reforzar los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas o de impulsar una nueva legislación que permita castigar la corrupción y el desvío de recursos.
Hace falta mucho por hacer, pues existen aún residuos de opacidad y de negativa tácita a rendir cuentas en algunos segmentos del quehacer público.
Es de gran trascendencia la formación de una cultura ciudadana para hacer realidad el derecho a saber, que no sea ni parte del discurso político ni de la demagogia gubernamental, sino un componente de nuestra democracia participativa. Es pilar fundamental para el cumplimiento de las leyes y el actuar de los entes responsables de impartir justicia; es la denuncia fundada y motivada que permita castigar a los culpables.
La ciudadanía tiene un papel fundamental en ese proceso al denunciar los delitos o las prácticas que permiten actos de corrupción, ya que esto permite el inicio de la investigación y sanción a los responsables y el diseño e implementación de políticas públicas que permitan erradicar prácticas viciadas.
Con la participación activa de la sociedad se podrá enfrentar el flagelo de la corrupción y la impunidad, sancionar las prácticas corruptas, y encauzar las denuncias ciudadanas ante las instancias competentes, darles seguimiento hasta la conclusión de la investigación y en su caso la determinación de la resolución.
Actualmente cualquier ciudadano puede acudir a los órganos garantes para saber el manejo de los recursos o programas de su gobierno y sus dependencias, como sujetos obligados. Por ello, se deben hacer realidad las leyes de transparencia para abatir desde nuestras respectivas trincheras, esas formas burdas del autoritarismo caciquil que sigue permeando en nuestra aún endeble democracia, copia fiel de los viejos cartabones de gobiernos hegemónicos que se creían extintos desde hace mucho.
Frenar deforestación
El gran reto del Siglo XXI para todas las naciones del mundo es evitar el deterioro ambiental porque está generado serios estragos, desde el aumento de temperatura del planeta, sequías, golpes de calor, huracanes, heladas y lluvias atípicas, que a su paso causan inundaciones, damnificados y daños en la infraestructura de comunicación en todo el mundo.
Ante tales condiciones, urge adoptar patrones de producción y consumo sustentables, hacer más eficiente la manera en que utilizamos los recursos naturales, disminuir los residuos, emisiones que generamos y que contaminan el aire, en especial la deforestación, que es una de las principales causas del calentamiento global.
No solo se trata de frenar la tala de árboles, sino que al mismo tiempo se conserve la superficie forestal y genere mayor captura de carbono, además de alentar la cubierta vegetal en las partes medias y altas de su orografía, atender el azolve de los ríos y sistemas de captación de agua por la erosión que deja la deforestación y el mal uso de la tierra.
Al año se deforestan en Oaxaca entre 25 y 30 mil hectáreas de bosques principalmente en las regiones de la Sierra Sur y Mixteca, y es en ese proceso de deforestación que se plantan diez mil hectáreas de arbolitos por año, de los cuales sobrevive entre el 70 y 80%. Las zonas de la sierra mixe-zapoteca y los Chimalapas son las más afectadas por los incendios y la tala inmoderada que han acabado con cientos de hectáreas de bosques y selvas.
En la Sierra Mixe del Istmo de Tehuantepec la creación de nuevos campos agrícolas en zonas boscosas pone en riesgo la flora y fauna de la región al deforestarse anualmente más de 20 hectáreas de bosques en Nativitas Coatlán.
Por ello, urge proteger el medio ambiente en nuestro estado antes de que sea demasiado tarde y nos enfrentemos a escenarios como los que se viven en la capital del país y que involucran a los estados de la llamada Megalópolis.



































