Areli, una joven originaria de la costa oaxaqueña, ha compartido su experiencia como víctima de explotación sexual y trata de personas, un calvario que comenzó cuando tenía tan solo 14 años.
Su relato, compartido a través de la cuenta de TikTok de la organización “Unidos vs La Trata,” expone la manera en que fue secuestrada y violentada de manera física, sexual y psicológica.
@unidosvs.trata Insta: unidosvstrata #rosiorozco #feminismo #paratitiktok #sensible ♬ sonido original – Comisión Unidos Vs. Trata
A través una serie de videos cortos, la joven cuenta que todo comenzó cuando se encontró con el hombre, identificado como Benjamín, en un viaje a Puerto Escondido. Lo que parecía ser una ayuda desinteresada al ofrecerles un viaje de regreso a su hogar, se convirtió en una trampa. Benjamín, cuyo verdadero nombre se reveló más tarde como Noé, orquestó un viaje a la playa que terminó en el secuestro de Areli.
“Él se quedó en casa de mi prima platicando, de ahí la iba a ver frecuentemente, era muy insistente con ella, creo que empezaron a salir. en una ocasión me invitaron a la playa, mi prima le dijo a mi mamá que si me daba permiso de ir con ellos, nos fuimos a un Oxxo a comprar unas cosas para llevar a la playa, en ese entonces iba otra persona, otra señora”,
Areli recordó que durante el viaje, Noé la drogó, y cuando despertó, la pesadilla comenzó. Primero estuvo confinada en la casa de Noé en Oaxaca, donde fue introducida a su familia y obligada a trabajar para él. Luego, la llevó a Tlaxcala, donde la coaccionó a prostituirse bajo amenazas de violencia. El abuso continuó en Puebla y la Ciudad de México, específicamente en la zona de La Merced.
“Ya llegando a casa de Noé, me empezó a amenazar, que tenía que trabajar, yo le preguntaba por qué, él me decía que era una puta, me amenazó, me dijo que eso era lo que tenía que hacer, me empezó a golpear, me rebelé, le dije que no quería hacer eso, sacó una pistola y me empezó a golpear, no tuve opción, me empezó a llevar a Tlaxcala, a Puebla y de ahí me trajo a la Merced. “En Tlaxcala y en Puebla hacía seis servicios por día, no sé exactamente cuanto tiempo estuve ahí porque estaba perdida de la noción del tiempo, no sabía”, enfatizó.
El terror de Areli fue agravado por el control psicológico de Noé, quien manipulaba regularmente las comunicaciones con su familia, haciendo creer que todo estaba bien.
“Noé le hablaba a mi mamá, le decía que estaba ahí porque yo quería y que se iba a casar conmigo, luego él me pasaba a mi mamá y me ponía en altavoz, me obligaba a decirle a mi mamá que estaba bien, lo que hacía para que notara que estaba mal me ponía a llorar, me quitaba el teléfono y me decía que no se preocupara que pronto íbamos a ir”
La joven finalmente encontró un aliado en una sobrina de Noé. Gracias a ella y a su propio hermano, Areli pudo reunirse con su familia y presentar una denuncia formal. Sin embargo, su tragedia no terminó ahí. Noé, al descubrir que Areli había huido contactó a la joven, la llamó y amenazó con matar su familia si no regresaba, sine mabrgo Areli ignoró a Noé, quien asesinó a su padre en venganza.
Dos años después, Noé fue detenido y sentenciado a 80 años de prisión por sus numerosos delitos relacionados con la trata de personas.
Al cerrar su relato, Areli hizo un llamado urgente: instó a la sociedad a no pagar por servicios sexuales, ya que muchas de las mujeres involucradas son víctimas, obligadas a vender sus cuerpos contra su voluntad. “El cuerpo de una niña o una mujer nunca debería tener precio”, expresó.









































