El pasado martes, en el patio central del Palacio de Gobierno, se llevó a cabo una ceremonia inédita: el gobernador Salomón Jara encabezó la presentación del “Programa de Paz con Justicia y Bienestar para el Pueblo de Oaxaca”, que tiene como objetivo: generar acciones que permitan dejar atrás un pasado doloroso, de agravios y conflictos, y consolidar la reparación histórica de los pueblos y comunidades y cuya estrategia es fortalecer en la entidad la estabilidad, tranquilidad y concordia a favor del pueblo oaxaqueño. Todo ello como vía para consolidar el diálogo como pilar para la construcción de la paz, el rescate de los valores fundamentales de los pueblos y comunidades como son el respeto mutuo, a la naturaleza, a los semejantes y a la sabiduría de las personas adultas mayores. Esta nueva política pública se centra en la reconstrucción del tejido y la cohesión social desde el territorio, por medio de la sensibilización, la prevención y la atención responsable de las causas de la conflictividad y violencia.
En todo este proyecto hay un factor que llama la atención y es la estrategia de prevenir la polarización entre afectados y reclamantes, abriendo canales de diálogo y evitando el bloqueo como alternativa para la resolución de demandas, siempre con pleno respeto a la vida, la libertad, la justicia, solidaridad, tolerancia e igualdad de género. El gobierno de la Primavera Oaxaqueña insiste en que todo ello requiere al diálogo como piedra angular de la gobernabilidad, por lo que el programa aludido se constituye de cuatro ejes estratégicos que son: Hablamos no Bloqueamos, Pa’ las Oaxaqueñas, Viviendo la Paz y Paz Territorial, y se implementará en 50 municipios prioritarios y que tienen alerta por violencia de género. Esto se realizará a través de mesas de trabajo, ferias para emprendedoras, capacitaciones, talleres, conferencias, actividades lúdicas y culturales.
Como mucho hemos insistido en estos espacios editoriales, los bloqueos siguen generando una grave crispación social. Ojalá que aquellos que siempre recurren a este manido e infame método, acusen recibo de esta iniciativa gubernamental y las autoridades establezcan condiciones de participación colectiva que permita dar solución a las diversas demandas sociales a través de la comunicación y no desde la práctica del bloqueo. No hay que olvidar que en dos semanas estarán los maestros del Cártel 22 “accionando” en su paro loco indefinido. Y ese sector no entiende razones.
El caos vial urbano
Ha transcurrido ya un año y medio de gestión del actual Cabildo Municipal que preside Francisco Martínez Neri, pero es la hora en que en ninguna de sus sesiones se ha planteado alguna alternativa por dar a la ciudad capital, una mejor imagen. La pasada temporada de las fiestas de julio, como lo consignamos puntualmente, este Patrimonio Cultural de la Humanidad se convirtió en un gigantesco tianguis, es decir, como si fuéramos un pueblote, presa de la anarquía y la desorganización. El comercio en la vía pública, hoy se sabe, es visto no como un problema de la vida urbana sino como el gran negocio para concejales y funcionarios municipales. De poco o nada sirvieron las protestas de los vecinos de calles aledañas al conjunto conventual de Santo Domingo de Guzmán. Las mismas fueron invadidas por comerciantes en la vía pública, supuestas ferias artesanales y comederos de toda naturaleza.
Las protestas de ambientalistas que insistían en no rentar el Paseo Juárez El Llano para la famosa Feria del Antojo, justamente por el deterioro que ha vivido en sus jardineras y canteras, también fueron ignoradas. El resultado fue el esperado: canteras rotas, pisos hechos un asco de aceite quemado y grasa de alimentos. Todo este desorden propició acciones de vandalismo que, como una afrenta más a nuestro monumento colonial más emblemático, Santo Domingo, apareció con sus centenarias canteras pintadas con grafitti y pintura en aerosol. Todo ello, ante la apatía perniciosa del gobierno de la ciudad, que sigue con un edil de aparato, en tanto cercanos hacen lo que les viene en gana. Justo en los festejos de julio, el caos vial en el casco urbano nos hizo asemejar a una urbe como la Ciudad de México, Guadalajara u otras que presentan casos graves de vialidad.
Por lo que hemos observado, no se ha movido un solo dedo para dar una respuesta al infierno vial cotidiano; a la perniciosa doble fila; a la invasión diaria de taxis foráneos en zonas como el Mercado de Abasto. El pulpo camionero opera sin control y, lo más grave, no se observan por ningún lado los aprensivos agentes de vialidad municipales que, sólo se les ve recibiendo sobornos de quienes provocan alcances o siniestros automovilísticos o en operativos de alcoholímetro. Gobiernos municipales van y gobiernos vienen sin que se elabore un plan de desarrollo urbano, que tome como prioridad la vialidad. Todas son buenas intenciones y promesas. Ya en el cargo son una nulidad.




































