Con las dos celebraciones de nuestra máxima fiesta folklórica ya concluidas, termina el jolgorio que mantuvo a funcionarios del gobierno estatal y prestadores de servicios atareados en la atención a los visitantes, desde luego que en diferentes trincheras. Es tiempo también que, el equipo gubernamental que tuvo tareas asignadas en los festejos de julio haga un balance de lo que se hizo bien o mal, de tal manera que esa curva de aprendizaje y novatez ya se traduzca en un ejercicio de gobierno que sortee la crítica y se perfile como un gabinete que sigue superando su falta de experiencia e inmediatez. En torno a nuestra tradicional fiesta, es necesario ponderar si la desaparición del llamado Comité de Autenticidad y la entrada en operación de los comités municipales fue la mejor experiencia y si ésta procuró en verdad, la presencia de nuestros 16 grupos étnicos y los pueblos afromexicanos, sin modas ni elementos extraños a dicha identidad.
No serán ajenas a este balance las cuentas alegres de afluencia turística, derrama económica o estancia promedio del turismo nacional y extranjero en nuestra capital y los principales destinos de playa. Es decir, la misma cantaleta del pasado. Lo importante, por tanto, será saber cómo mejorará las cosas la actual administración si en verdad son diferentes y, como ha dicho el gobernador Salomón Jara, se trata de hacer del turismo un pivote del desarrollo económico del estado. Más aún, saber si los funcionarios responsables dejarán de lado su protagonismo para cumplir con las expectativas que se ha propuesto su jefe, el gobernador. Y es que la primera presentación de nuestra fiesta folklórica exhibió el afán enfermizo de ciertas funcionarias que parecía que el evento había sido hecho para el lucimiento personal de ellas.
En efecto, las redes sociales se dieron vuelo para criticar estas actitudes. Es tiempo de reflexionar y hacer un balance, como ya hemos dicho. Si en el pasado padecimos como sociedad el saqueo y el protagonismo de personajes, es necesario que el equipo del gobernador Jara Cruz haga un ejercicio de humildad, de modestia, no repetir los moldes nocivos del pasado. Si, como mucho se ha dicho, no son iguales, habrá que empezar por bajarle los humos a dichos funcionarios protagónicos y voyeuristas que, con su comportamiento y excesos, lo único que han hecho a la fecha es poner en tela de juicio al gobierno de la Primavera Oaxaqueña.
Una buena iniciativa
Ante la cantidad impresionante de alcantarillas abiertas que hay en nuestras calles, en virtud de la labor depredadora de ladrones que gozan de absoluta impunidad y de que las autoridades ministeriales se hacen de la vista gorda, grupos de la sociedad civil se han dado a la tarea de emprender una cruzada para tapar estas trampas citadinas. En efecto, se ha emprendido un programa denominado “salvando vidas”. Esto consiste en tomar las medidas de las tapas de las alcantarillas que han sido sustraídas de manera ilegal, mandar a elaborarlas y, finalmente, ubicarlas en los sitios en donde faltan. Dicha situación, insistimos, se ha dado en virtud de los oídos sordos que al respecto siguen prestando las autoridades tanto estatales como municipales a las denuncias ciudadanas al respecto. La apatía gubernamental ha hecho que dicho fenómeno siga creciendo y los autores gozando de cabal salud.
En las páginas de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, hemos publicado fotos en torno a dicho problema. Pero –debemos admitirlo- la autoridad sigue siendo omisa. Es más, se sabe bien el modo en que operan los ladrones de tapas de metal y hasta de cemento, quienes tienen, asimismo, a compradores que les dan unos cuantos pesos por el producto del hurto. Sin embargo, una vez que las referidas tapas han desaparecido, las autoridades responsables tanto del gobierno estatal como del municipal, simplemente fingen demencia. Las dejan tal cual, lo que ha provocado graves accidentes en personas de la tercera edad y con discapacidad, al circular por las calles, sin percatarse de las trampas mortales que hay a su paso.
Ante ello y sin afanes de lucro económico, político o de reconocimiento social, organismos de la sociedad civil se han dado a la tarea de sustituir las multicitadas tapas, usando sus propios medios y recursos. Sin duda una buena obra, como la que realizan vecinos y ciudadanos desempleados en algunos de los cráteres lunares que también hay en nuestras calles, armados de palas y chapopote para tapar los huecos, a cambio de una gratificación de los automovilistas. Nuestra realidad es penosa, justamente por la apatía con la que las autoridades han visto este grave problema. Alcantarillas y baches; semáforos descompuestos e inseguridad son temas que debe ver el ayuntamiento de la capital. Pero, por lo visto, la denuncia sólo les resbala. No solamente actúan con irresponsabilidad sino con cinismo.


































