Don Aurelio había salido de Xoxocotlán a la ranchería El Carrizal de San Mateo Tepaltepec, Peñoles Etla, pero ya no regresó con vida, un autobús del transporte urbano lo aplastó en la avenida Central, en el Mercado de Abasto.

El lamentable accidente ocurrió ayer minutos antes de las 10:00 horas, frente a los primeros locales de la Central de Abasto y del mercado Lázaro Cárdenas del Río, cerca de las bodegas de frutas.
“Ay no, fue horrible, pobre señor, sólo escuché un grito y el camión se detuvo, todavía se quejaba el abuelo”, relata una señora que, con bolso de mandado repleto de frutas, asegura no haber visto jamás algo tan desagradable.
Desde ese momento, decenas de curiosos se apostaron en esta avenida tan concurrida, varios pedían a gritos el apoyo de paramédicos, de policías.
Autoridades de vialidad que se encontraban muy cerca procedieron de inmediato, aseguraron el camión, al chofer y la zona en sí.

A los pocos minutos el ulular de una ambulancia que se aproximaba sobre Periférico alertaba a automovilistas y peatones, eran socorristas de la Cruz Roja Mexicana que a bordo de una ambulancia sorteaban el tránsito vehicular.
Un elemento de Tránsito Municipal pretendía reanimar al hombre de la tercera edad que se encontraba atrás de la llanta delantera del camión marcado con el número económico 600 de la empresa Transportes Urbanos de la Ciudad de Oaxaca con ruta Estrella La Loma-San Martín-Heladio-La Mojonera-San Martín Mexicápam.

Le tomaba el pulso, le presionaba levemente el pecho como queriendo aplicar los primeros auxilios básicos, reanimación cardiopulmonar (RCP). Lamentablemente a la llegada de paramédicos, se certificó que el adulto había fallecido.

“Esos malditos camiones que corren como si fueran a recibir herencia, nunca se componen esos malditos choferes, puro pelear pasaje son, jamás se componen”, generaliza un joven que se aproxima a la cinta amarrilla, la cual acordona la escena.
Mientras se espera el arribo del vehículo especial de la Fiscalía General del Estado, para poder trasladar el cuerpo al anfiteatro de la ciudad, situado en San Bartolo Coyotepec, unos oficiales trasladan al chofer del autobús, identificado como Adrián, a los separos a bordo de una patrulla.
Junto a unas casetas, aún asustado y con el semblante triste, permanece un joven, quien refirió que el finado era su conocido.
“Sólo vine a realizar las compras, como es nuestra tradición, traer la ofrenda para nuestros difuntos y poner el altar, lo vi apenas hace unas horas”, platicó mientras se acomodaba la mochila que llevaba en la espalda.
Contó que a las 03:00 de la madrugada don Aurelio salió de la ranchería El Carrizal para dirigirse a un costado de la explanada de San Mateo Tepaltepec, donde esperaba la camioneta que lo trasladaría a la Central de Abasto.
Se subió a la camioneta en compañía de diez paisanos para viajar a la capital oaxaqueña.
Añadió que después de tres horas de recorrido y otra más en un camino de terracería, llegaron a la Central de Abasto donde se bajaron, mientras el conductor guardaba la camioneta en el estacionamiento; en cuando bajaron, el grupo se dispersó.

Fue él quien se encargó de dar la mala noticia a varios familiares de don Aurelio, entre ellas a su nieta Rosalina, la más cercana a la zona.
La joven llegó al lugar y reconoció ante las autoridades a su abuelo, de quien dijo había salido el pasado domingo a la ranchería El Carrizal, San Mateo Tepaltepec, Peñoles, Etla a visitar a sus familiares.
El hombre de 84 años de edad, había partido de la calle La Providencia, colonia Los Puentes, en Santa Cruz Xoxocotlán.

“Casi no lo dejamos que salga solo, pero insistió que quería ir a ver a la familia al rancho y se fue ayer, hoy quedó de regresar, sé que desde muy temprano salió de allá, por eso cruzó al salir de los taxis, pero no sé cómo pasó”, narró a los oficiales de vialidad. “Ve bien, camina bien, pero eso sí, no oye, estaba sordo”, aclara la nieta.
Amas de casa con petacas -algunas con ramos de flores en sus brazos o cargando cajas de veladoras porque la fiesta del Día de Muertos se aproxima-, se detienen para ver lo que sucedía. Hombres que en estos días van y vienen con sus diablos de carga, también curiosean “puede ser un conocido, pero no”, dice Catalino, adulto también, a quien le cuelga el mandil casi hasta los tobillos.
“En estas fiestas y Semana Santa, olvídense, mejor andar con precaución, porque seguro muertes”, comenta don Fulgencio, cincuentón que desciende de un autobús, se quita el sombrero y persigna al ver de reojo el cuerpo inerte, aplastado.










































