Desde el nacimiento del llamado Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación, hace 43 años, pero, sobre todo después del movimiento político y social del 2006, surgió en el magisterio el Síndrome de la victimización perpetua. Cualquier acción de Estado que pretenda acotar sus excesos, atropellos y violación del derecho de terceros, es señalado como “represión”. Por ello cuentan con un abultado martirologio, un catálogo de sus supuestos mártires a los que le ha dedicado fechas en el calendario. El magisterio afiliado a la Sección 22 no sólo marcha el 15 de mayo, dedicado al maestro, para recordarle a la sociedad que su lugar es la calle no el aula. Ya es tradición que ésta concluya con un plantón en el Centro Histórico. En el mero corazón de la “ciudad de la Resistencia”, así calificada por alguno de sus despistados ideólogos, desde el 14 de junio de 2006, cuando fueron desalojados. Una fecha más para suspender labores y recordar con consignas y arengas al Carnicero de Antequera, que se atrevió a desafiar su poder fáctico.
De nueva cuenta los mentores fueron convocados para recordar el llamado “sacrificio de Nochixtlán”. Los hechos ocurrieron el 19 de junio de 2016, a unos meses de que el ex gobernador Gabino Cué entregara la estafeta del gobierno estatal. Ahí se formó el llamado Comité de Víctimas –COVIC- que se ha convertido en un mecanismo de chantaje permanente. Un ariete para exigir justicia y negociar debajo de la mesa. Un instrumento que lucra con la memoria de los muertos. Una más: Algún grupo de despistados hace mítines o bloquea el crucero de Cinco Señores el 2 de noviembre. En 2006, mientras el pueblo acudía al Panteón General de San Miguel para recordar a sus difuntos, orates que militaban en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca –la APPO- lanzaban petardos, provocando el terror entre la gente. Intervinieron las Fuerzas Federales de Apoyo y replegaron a los que asumían estar haciendo la revolución. Como si fuera una efeméride histórica fue calificada como “la batalla de Todos Santos”.
Una fecha más en el calendario del martirologio es el 25 de noviembre. Después de meses en que la sociedad civil de la capital oaxaqueña vivió en un estado de excepción, con violencia, barricadas y el final incendio de casas particulares y el edificio del Tribunal Superior de Justicia, la Federación restituyó parcialmente el orden constitucional. La cosa no terminó aquí. Vendrían nuevos episodios y nuevos mártires de quienes, con facilidad inaudita, devienen de carniceros en indefensas reses.
Una paz remota
No ha sido ociosa la insistencia en estos espacios periodísticos de El Mejor diario de Oaxaca, en el sentido de que la paz jamás llegará a la zona triqui, en tanto dirigentes y pistoleros sigan segando vidas sin recibir castigo. Ahí subyace el fracaso del gobierno estatal y la Federación para concertar la paz entre las organizaciones que se disputan la supremacía: el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), su escisión, el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULTI) y la Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT), por mencionar a las tres principales. Sin embargo, la guerra que traen entre las dos primeras ha hecho que todo intento de lograr la paz y la convivencia de dicha etnia ha sido algo parecido a una utopía. Es cierto, los dirigentes le apuestan a la guerra perpetua, pues viven de ello. Que dichos indígenas vivan en paz, es simplemente dejar de recibir jugosas rentas del gobierno. Esto es, administran la violencia.
La semana pasada, mientras eran trasladadas a San Juan Copala, procedentes de Tierra Blanca en una unidad de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), dos mujeres fallecieron al ser emboscado el vehículo por sujetos armados. Sin duda, el ataque fue directo, habida cuenta de que ahí murió Gertrudis Cruz, en tanto que la otra mujer, Licerina Cruz Merino, fue herida, pero falleció a causa de ello al día siguiente. Ya lo hemos mencionado aquí. Es tal el encono entre hermanos de la misma etnia que no importa sea hombre, mujer, niño o anciana sobre quien descargan sus armas. Los sicarios, que los hay en las tres organizaciones mencionadas, actúan con el mismo espíritu criminal. Cientos y cientos han muerto en esta venganza eterna. Lo grave es que tanto víctimas como victimarios luego acuden a la soterrada idea de declararse desplazados y convertirse en un dolor de cabeza para el gobierno.
Desde el jueves de la semana pasada, día de los hechos, la dirigencia colectiva del MULT inició una serie de movilizaciones y presionando al gobierno de Salomón Jara. Señala como presunto responsable a su soterrado enemigo el MULTI. Mañana pasado vendrá la venganza a la sangre derramada y así sucesivamente, sin que a esto se le vea fin. Insistimos: esto rebasa el llamado persistente a mesas de diálogo, las cuales fracasan justamente porque cada que avanzan hay hechos de sangre. Ya es tiempo de que el gobierno vaya por los criminales. Aplicar la ley con rigor y no ocultar la impunidad con las sobadas mesas o acuerdos de paz.


































