BRICIA YOLANDA ARAGÓN VALDIVIA
Una de las problemáticas que vivimos en todo México, un año sí y otro también, es la escasez de agua, ésta se agudiza en los meses de estiaje por la ausencia de lluvias. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) reportó el pasado 15 de marzo que las presas del Sistema Cutzamala están al 48.5% de su capacidad de almacenamiento. Se trata del peor nivel del que se tiene registro, pues se ubica 23.2% por debajo del promedio histórico.
Creo que todos hemos padecido en algún momento de la falta de agua; aquí en la ciudad de Oaxaca esta situación ha llevado a que las personas tengamos que comprar pipas de agua para la satisfacción de las necesidades; aunque esto no es privativo de nuestra ciudad, sucede en todo el país, en algunas zonas más que en otras.
Es importante señalar que, en los primeros meses del año, en teoría, las presas en todo el país deberían tener un nivel superior a 70% para garantizar un abastecimiento seguro de agua en la época seca, que son los ocho meses sin temporada de lluvias.
Los especialistas en el tema del agua han resaltado que, ante los bajos niveles de las presas, en el país aumenta la probabilidad de que este año se registre una sequía más grave que la de 2022, que afectó profundamente a la ciudad de Monterrey, en Nuevo León. Durante 2021 se reportaron las mayores sequías de los últimos 40 años. El problema crece por el aumento de las temperaturas.
Al 28 de febrero de 2023, el 50.16% del país contaba con condiciones de sequía de moderada a extrema, de acuerdo con datos de Conagua. La región más afectada es la noroeste, que abarca a Nuevo León y Tamaulipas, con el 91.4% de su superficie con sequía de moderada a extrema. Las otras regiones afectadas por la sequía son la parte centro occidente (Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato, Colima y Michoacán) con el 81.9% de su superficie en esta condición; la norte (Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí) con el 64.5%, y la centro-sur (Querétaro, Hidalgo, la Ciudad de México, Estado de México, Morelos, Tlaxcala y Puebla), con 54.5%.
Los efectos del cambio climático se están sintiendo y en nuestro país en los dos últimos años ha llovido menos, lo que causa sequías que van desde moderadas a severas y excepcionales, que son aquellas que ocurren si no llueve lo suficiente y que provocan que se pierda la humedad del suelo, y se refleja en pérdida de cultivos, muerte de animales, de plantas, en suma: el daño que provoca esta sequía excepcional no se recupera en un año.
La tala ilegal e inmoderada de árboles es otro motivo para la ausencia de lluvias, pues con ella se devastan boques importantes en el ciclo de agua, ya que su vegetación y suelo retienen agua que se filtra y abastece a los acuíferos. Un problema adicional son los asentamientos humanos irregulares en torno a los canales de agua.
Medidas como hacer campañas para el uso adecuado de agua resultan ya insuficientes, pues atienden el problema en el corto plazo, pero carecen de una visión de largo alcance y, sobre todo, dejan de lado que la escasez de agua es un tema de seguridad nacional, pues lo que se requeriría sería recuperar el bosque, restaurar ecosistemas y reordenar los crecimientos urbanos.
También urge modernizar la red hidráulica del país, tanto en el norte como en el sur y en el centro, pues, debido a la antigüedad de la infraestructura, 40% del agua que se distribuye por esta red se pierde en fugas o en tomas clandestinas.
Visto así, es claro que se requiere una inversión millonaria y voluntad política para renovar la red hidráulica. En los últimos años ha ocurrido lo contrario. De 2013 a 2020, el presupuesto de la Conagua se redujo prácticamente a la mitad y se recuperó este año.
De acuerdo a lo anterior y a la experiencia de cada uno de nosotros en materia de agua, una realidad es que nuestro país ya vive los efectos negativos de la falta de agua. Durante los últimos años, las regiones centro y norte del país han vivido escasez de agua debido al aumento de las sequías. De acuerdo con datos del Banco Mundial, en el país la disponibilidad promedio anual per cápita pasó de 10 mil metros cúbicos (m3) en 1960 a 4 mil en 2012. Se estima que para 2030, esta disponibilidad en México descienda debajo de los 3 mil m3 por habitante al año.
Para garantizar la demanda futura, el Estado mexicano requiere actualizar los marcos legales y regulatorios que rigen el manejo del agua, así como modernizar la infraestructura hidráulica del país. Es necesario tomar en consideración las distintas características técnicas -en particular las geofísicas- y desafíos que presenta actualmente el país en materia hídrica, tales como el aumento poblacional, el crecimiento de la mancha urbana, la evolución de las sequías, así como la variación en las precipitaciones. Mientras el gobierno mexicano decide cómo gestionar el tema del agua, los mexicanos deberemos seguir cuidándola, reciclándola y padeciendo su escasez.


































