Echando a perder se aprende dice la vieja conseja que puede aplicare a la actividad política, donde tres de los cuatro más recientes Presidentes de México, pasaron por la experiencia de una derrota, cuando menos.
Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador sufrieron, cuando menos, una derrota en las urnas antes de ganar la Presidencia de la República. Enrique Peña Nieto es el único que no fracasó nunca en las urnas.
A Vicente Fox le sirvió la derrota en los comicios para gobernador de Guanajuato, las que le calificó de fraude y fueron uno de sus grandes argumentos para continuar su vida política, hasta llegar a la histórica victoria sobre el PRI en el año dos mil.
Felipe Calderón pasó también por una humillación en un proceso electoral, ya que no consiguió su pretensión de gobernar su entidad natal, pero fue su trampolín a la dirigencia nacional del partido y la candidatura presidencial.
Andrés Manuel López Obrador no perdió una vez como los anteriores, lo hizo cuatro veces, antes de conseguir la victoria en unos comicios presidenciales. Cayó en dos intentos por gobernar Tabasco y otras dos intentonas por ganar la Presidencia de la República y apabullar en las urnas a panistas, priistas y perredistas.
Refrescar la memoria es necesario la mayoría de las veces, para revisar la historia política reciente de México y revisar los expedientes de aquellos que alzan la mano para competir por la Presidencia de la República.
Dentro del grupo compacto de élite de Morena, cada uno de los aspirantes marcha invicto. Claudia Sheinbaum fue candidata a la alcaldía de Tlalpan y a la jefatura de Gobierno de CDMX y en ambas ocasiones ganó con soltura.
Marcelo Ebrard se bajó de una primera competencia por el gobierno del Distrito Federal, donde se encaminaba a una derrota y luego (seis años después) se postuló nuevamente y triunfó por ese cargo. La vez que fue diputado federal lo hizo por la vía plurinominal y una ocasión anterior se quedó en la orilla, ya no alcanzó a entrar pues su partido ganó todo (PRI) y no tuvieron derecho a plurinominales.
Adán Augusto López pasó por una situación parecida, aunque sin barniz de los sufragios. En el año dos mil estuvo a punto de ser gobernador interino de Tabasco, pero una condición puesta por él lo privó de ser interino. Después consiguió la victoria en una diputación local, una federal, el Senado de la república y el gobierno de Tabasco, 18 años después. Todos esos cargos por la vía del voto.
Ricardo Monreal Ávila ha ganado todas sus comparecencias en las urnas, fue diputado en 1988, senador en 1992 (suplente de Arturo Romo) y gobernador de Zacatecas, diputado federal en 1997, además de jefe delegacional en Cuauhtémoc, todas por la ruta del sufragio. Otra vez senador y una más diputado por la vía plurinominal.
Hasta aquí se puede hablar de un mantenimiento del invicto de los prospectos de Morena.
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