Acudir al templo a tomar ceniza es un signo de arrepentimiento, de penitencia, “no te quita los pecados, pero es para entender que sólo cambiando nuestra actitud podemos ser mejores personas”, consideró doña Teresa.
Mientras que don Julio dijo que es el inicio del camino de la Cuaresma para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el Domingo de Resurrección.
Coincidieron que la ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. “Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba”.
El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años.
El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarle siempre.
La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior.
En sus mensajes, los representantes de la Iglesia Católica expresaron que a partir de hoy y en los próximos 40 días, debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a dónde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y, en general, con todos los seres que nos rodean.
Al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente. Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.
Expresaron que el arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.
Piden renunciar a lo superfluo y suntuoso
Desde el siglo XI se realiza el Miércoles de Ceniza, cuando lo recomendó el papa Urbano II. Al principio se imponía sólo a los penitentes públicos como signo de marginación, pero acabó convertido en un símbolo en el que todos los fieles se reconocen como pecadores y aceptan su propia fragilidad y mortalidad.
Según la tradición, el color litúrgico de este tiempo es el morado, que significa luto y penitencia y la Iglesia llama a los fieles a confesar sus pecados graves, hacer buenas obras, ser solidarios con los que sufren y a renunciar a lo superfluo y suntuoso.
La práctica más conocida y visible; sin embargo, es el ayuno, característica de este tiempo litúrgico desde la antigüedad como una renuncia a las necesidades de la vida terrenal, pero ha evolucionado con el tiempo, ya que era mucho más estricta, mientras que ahora se opta por fórmulas más parciales.
Conmemora el momento en que Cristo se retiró al desierto por 40 días para meditar sobre su misión en ayuno y oración. Su nombre se debe a que ese día se celebra una misa en la que se marca en la frente de los feligreses una cruz con cenizas.
Se trata de un periodo de conversión y penitencia, caracterizado por la oración, la meditación, el ayuno y la moderación, encaminado a la renovación pascual. Las cenizas son un símbolo que nos recuerda nuestra propia fragilidad y mortalidad, y por ende, nuestra necesidad de la Gracia de Dios. Esta fecha marca el inicio de la Cuaresma.
Este día desde muy temprano, los diversos templos católicos se llenan de fieles que acuden a cumplir con la imposición de la ceniza. Familias enteras, adultos, niños y ancianos desfilan para que los sacerdotes coloquen la cruz en la frente de cada uno de ellos.
La ceniza que se coloca se obtiene de la quema de palmas del Domingo de Ramos del año anterior, mismas que sirven para aliviar los errores y pecados cometidos, siempre que exista el arrepentimiento.
Durante los próximos 40 días la Iglesia Católica dedicará tiempos de oración, abstinencia y penitencia para enmarcar la celebración de la Semana Mayor.






































