La corrupción es una acción deshonesta que destruye la confianza del pueblo en las personas, bancos o políticos. La palabra corrupción viene del latín – com, que significa “con, juntos,” y rumpere, que significa “romper”. La corrupción rompe tu honradez, tu buena reputación con otros. Cuando corrompes algo que es puro o honesto, le quitas esas cualidades. Muchos hablan de la corrupción en nuestros días, pero es un mal endémico o cultural que aqueja a todo el mundo, no solo en México como se piensa, pero si estamos en la lista de los países más corruptos del mundo. Algunos historiadores argumentan que en la llegada de los españoles a América trajeron enfermedades y vicios como la corrupción, pero lo cierto es que ya en los códices nativos se hablaba de corrupciones, traiciones y demagogia, lo cierto es que la bandera de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, fue la bandera que le enarbola y que le reditúa miles de votos, pero la realidad es otra, a dos años de distancia no ha podido contrarrestar ni un ápice de este grave mal que se ha asentado en nuestros días en México.
La corrupción no solo compete al gobierno, sino también a toda la sociedad que crece ya con la mentalidad deformada. López Obrador dice combatir la corrupción, pero es una buena intención, que no pueda ni siquiera aterrizar ni combatirla en su propia familia ni en su equipo de trabajo y obviamente en la extensa maquinaria del gobierno nacional. López Obrador solo ve “la astilla en el ojo ajeno y no la viga en su propio ojo”, pues anote usted las corruptelas que parece ignorar, como fue la hazaña de su hermana Pío, de su nuera, de su prima y de sus hijos que ciertamente se dedican a aprovecharse de la corrupción y no hablemos de las fraudulentas compras en el seguro social e ISSSTE, del caza teniente Manuel Bartlett, del súper robo en el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, la negra trayectoria de Irma Eréndira Sandoval y una larga lista de corruptelas de los colaboradores del presidente López Obrador que sería largo enumerar y no hablemos de la policía, de los recaudadores, agentes de tránsito y del resto del aparato burocrático en donde la corrupción es galopante e imposible de parar.
La corrupción no se combate con buenas intenciones ni con buenos deseos, sino con el aculturamiento de un pueblo proclive a la corrupción.
































