Uno de los temas que ha permeado entre la ciudadanía de la capital oaxaqueña es el estado tan deplorable de algunas calles y avenidas. Las lluvias que al parecer se han alejado, han destruido parcial o totalmente la carpeta asfáltica. De éstas sólo quedan hoyancos, baches y socavones. Respecto a esta situación, se ha puesto en la mira al gobierno de la ciudad, que ha respondido en la medida de su capacidad, pero el daño es mucho mayor. Hace unas semanas, las protestas vecinales por esta situación se exacerbaron tomando como culpable al ayuntamiento capitalino. Es más, trascendió que algunos vecinos llevaron sus quejas hasta el Tribunal de Justicia Administrativa, en el derecho que les asume a los ciudadanos exigir una ciudad digna, con calles decorosas y no paisajes lunares intransitables. Sin embargo, también es cierto que la ciudad sigue arrastrando serios problemas desde hace dos o tres trienios.
No es una ficción decir que nuestra capital asemeja una postal eterna. Alguien puede ausentarse durante años y a su retorno encuentra los mismos problemas y hasta los mismos baches. Desde los accesos se advierte el abandono y la abulia oficial. Y la justificación es una constante buscar culpas ajenas. La moda de estos tiempos: el responsable fue el de atrás. Todos los males del país hay que atribuirles a los que se fueron, no a la incapacidad de los que están. Quien está al mando con el voto ciudadano mayoritario, debe responder a su tiempo y su circunstancia, en los diversos órdenes de gobierno. Desde que se marcan las directrices en los planes de desarrollo, el equipo debe saber sobre el terreno que pisa. Eso es madurez política y sentido común. Construir consensos y mantener una buena coordinación con los niveles superiores de gobierno, siempre es saludable.
Pero en estos tiempos, como antes ocurría en el PRI y ahora en Morena, todos piensan, no en cumplir con el papel que han recibido con el voto ciudadano, sino en su futuro político. Hoy, las elecciones del 2021, los ha extraviado, los ha mareado, les ha hecho perder el piso y la dimensión de la realidad en que viven. Y por eso estamos como estamos. Mientras ediles y diputados sueñan con un futuro político promisorio y engendrar a los ricos del mañana, que la ciudadanía siga lamiendo la coyunda de una ciudad hecha pedazos no sólo por los embates del tiempo, sino por la abulia de los gobernantes.
Impunidad insultante
El próximo 21 de noviembre se cumplen cinco meses del brutal asesinato de 15 personas en la comunidad de Huazantlán del Río, municipio de San Mateo del Mar, en la región del Istmo de Tehuantepec. Este hecho forma parte de esa historia negra de crímenes masivos por disputas políticas o agrarias en Oaxaca y una de la cincuentena de masacres en esta administración federal. A la fecha, dicha acción criminal se ha cubierto con un velo de misterio, como si la tortura, incineración y finalmente la muerte de esos indígenas huaves, no tuviera la relevancia que merece un crimen de esa naturaleza. La hipótesis más socorrida es que se trató de una disputa entre presidencia municipal y vecinos de agencias, por el montaje de un filtro sanitario. Sin embargo, sorprende que edil y agentes no hayan sido suspendidos de sus cargos, al menos temporalmente, para agilizar las investigaciones. Todo se ha ido en denuncias, exigencias al gobierno estatal, de un lado y de otro, pero nada de acciones concretas. El Congreso del Estado sólo reprobó los hechos, pero de ahí en fuera, ha guardado silencio.
Como siempre ocurre en estos casos, hay manos externas que mecen la cuna. Líderes de organizaciones sin escrúpulos alientan el encono y el odio al interior de los mismos grupos étnicos. Y detrás de todo, hay un interés económico o rentabilidad política. En la zona huave las disputas políticas siempre apuntan hacia la violencia. Sin descalificar, ahí la civilidad es una utopía y la impunidad una institución. El caso que mencionamos debe ser tratado como es: una acción criminal que debe recibir castigo.
La semana pasada, en la comunidad de San Baltasar Loxicha, fue asesinado el regidor de Obras, en un paraje solitario. Los vecinos retuvieron a elementos de la Policía Estatal como medida de presión para que las autoridades estatales voltean a ver la situación de encono y polarización que existe, luego de un proceso electoral en el que el candidato perdedor, no ha dejado de alentar la violencia, protegido por el dirigente de la organización “Comuna”, Flavio Sosa Villavicencio. Quienes conocen la historia política contemporánea de Oaxaca saben, a ciencia cierta, que dicho personaje se ha caracterizado por generar conflictos y enconar a los pueblos en donde tiene injerencia. Pero también es cierto que opera con impunidad insultante. Los señalamientos, las acusaciones, desafortunadamente, no tendrán un buen fin.



































