La industria del redentorismo social va a la baja. He dicho en este espacio que el mejor negocio en Oaxaca, es decirse líder, juntar a una veintena de aventureros, inventar una organización, ponerle el membrete con el agregado de “independiente”, “democrático”, “social”, etc. Luego bloquear calles o carreteras, secuestrar oficinas como medida de presión para que los llame el gobierno. Este es el camino fácil para recibir dinero público.
A eso se debe que en los últimos días veamos en el centro de la ciudad grupos de toda laya tratando de recuperar las viejas prácticas del chantaje político pero los cerebros de tales maquinaciones se han topado con pared. Encuentran que la ciudadanía está hoy más preparada que nunca para hacer frente a los abusos de poder fáctico. Han aprendido a denunciar sus trapacerías.
En las últimas manifestaciones vemos de todo. Desde los que vienen a pedir, dinero y apoyos para ciertos pueblos que nunca entregan hasta la libertad de delincuentes y asesinos peligrosos como Javier Martínez, hijo del famoso Panchito que lideraba la violenta organización “14 de Junio”.
Durante el gobierno del gran saqueador Gabino Cue y su pandilla, digo gabinete, fue cuando más proliferaron este tipo de grupos “sociales”. Recibían dinero del Coplade, de la Sedesoh y hasta presentaban anualmente su “techo financiero”. Los líderes vivían -y viven aún- a cuerpo de rey. Así se mantuvieron más de 800 organizaciones “sociales” que recibían cada año, a fondo perdido, más de dos mil millones de pesos.
VIEJOS VICIOS
En esta administración esas dádivas están disminuyendo, hay que reconocerlo, de allí la agresividad de algunos grupos que insisten en que todo siga igual.
La vergüenza más reciente la padecieron el pasado día 27 las huestes de Juan Torres Pereda dueño de varias organizaciones en la Cuenca del Papaloapan. Fueron sorprendidos pidiendo despensas y apoyos para Jocotepec y diversos pueblos, gestión que nadie les pidió. Estaban por recibir esos recursos cuando llegaron los presidentes municipales de esas comunidades que iban a lo mismo. El diputado Ángel Domínguez, El Andariego que acompañaba a esas autoridades descubrió el timo ¿A quién van a entregar esas despensas? Les preguntaron.
Descubrieron la mentira. Se hicieron de palabras con esos que andan pidiendo apoyos que no llegan al pueblo. El mismo chasco se han llevado organizaciones que se resisten a la detención de taxis y mototaxis irregulares.
EL HIJO DE PANCHITO
Llegan a las peticiones más absurdas. Cito el caso del hijo del temerario “Don Panchito” dueño de la sanguinaria organización “14 de Junio”. Era el jefe mafioso hasta que el gobierno se impuso, Don Panchito fue desterrado y su hijo Francisco Javier Martínez fue llevado a la cárcel.
Como recordarán, este grupo se adueñó de todas las colonias alrededor del tiradero de basura municipal donde se imponían a sangre y fuego. Cobraban derecho de piso, asesinaban y distribuían drogas.
Hay que recordar que una tarde del 29 de noviembre 2016, el temerario Francisco Javier Martínez Rodríguez o Javier Francisco Martínez Rodríguez, ejecutó con un balazo en la cabeza al joven Donato Ubaldo en las inmediaciones de Atzompa.
De la autoría de la sanguinaria “14 de Junio”, hay verdaderas historias de terror. Recuerdo algunas:
En las colonias que dominaban no había más ley que la de “pancho mugres” o don Panchito, su hijo Javier y su matarife apodado “el Congo”.
1.- Una joven mujer atendía su tiendita en una de las colonias perdidas cerca del basurero municipal. Llegaron “el congo” (Antonio Pérez) y un grupo de malandrines, todos con pistola al cinto. Le exigieron el pago de derecho de piso. El congo pidió gasolina y empezó a rociar el tendajón. Cuando iba a prender fuego la mujer se dobló y llorando pagó la extorsión.
2.- Dos camiones repartidores, una de Bimbo y otra de Sabritas, fueron quemados cuando los choferes repartían en la colonia Las Peñas. Los autores fueron “el congo” y sus matachines. Exigieron a los choferes el pago de piso, al no haber respuesta esparcieron gasolina y prendieron fuego a las unidades.
3.- En la misma colonia, un joven que iba en su automóvil con su pareja, tuvo el atrevimiento de mirar a “el congo” y a sus pistoleros cuando pasaban con aire de perdonavidas. Le reclamaron: “qué me vez”. Hubo palabras, golpearon a la víctima y lo hicieron correr. Quemaron su carro y el esqueleto quedó allí como muestra del terrorismo que padecen vecinos de ese cinturón de miseria.
Ahora sale una marcha y exigen airadamente que el hijo de Pancho Mugres salga de la cárcel ¿Cederá el gobierno?
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