Por: Cynthia García Vázquez
El desarrollo emocional es un proceso bastante complejo a pesar de no ser un concepto nuevo. Al hablar de emociones nos referimos a las reacciones psicofisiológicas que se representan como mecanismos de reacción ante un estímulo o acontecimiento. Por lo tanto, las emociones nos ayudan a funcionar de manera automática provocando respuestas inmediatas a través del cuerpo, como sensaciones, conductas, pensamientos o expresiones faciales, cabe mencionar que, son cinco las emociones básicas: miedo, alegría, tristeza, enojo y afecto (MATEA).
Por lo tanto, el desarrollo emocional, se estimula a través de las condiciones en las que el infante va creciendo. Es así que, estas condiciones deben ser lo suficientemente positivas para que los o las niñas puedan crecer de manera óptima y ser adultos emocionalmente inteligentes.
Es importante mencionar que, en los primeros diez meses de vida es cuando los bebés experimentan diversas emociones que van progresando de acuerdo a nivel de maduración cerebral, pues expresan sus emociones de manera intensa y son sensibles a las expresiones emocionales de sus cuidadores. Por lo que es importante acompañarlos en cada una de las emociones que sienten nuestros niños, es decir, desde un disgusto hasta un momento de alegría.
Según Piaget, a partir del segundo año de vida es cuando se da un gran cambio en el desarrollo emocional, porque los niños comienzan a desarrollar la capacidad del juego simbólico, prolongándose hasta los seis años, donde imitan absolutamente todo lo que observan, aprenden a representar los estados emocionales ajenos a través del juego, por ejemplo, jugar al doctor, a la mamá, al astronauta, con peluches, etc. Así mismo, nace el lenguaje simbólico, donde el infante realiza acciones comunicativas con los adultos, y comienza a nombrar objetos o imitar sonidos que se ubican en su contexto inmediato, es decir, en el espacio donde se desenvuelve como su hogar o guardería.
Por lo tanto, el desarrollo emocional implica la expresión y regulación de las emociones. No grites cuando tu bebé no deja llorar, fomenta el alago a través de aplausos, sonrisas y abrazos hacia un logro que haya tenido, por más mínimo que este sea, acompaña cuando se sienta triste por la pérdida de un juguete, mascota u objetivo que es de valor para él o ella, desarrolla su autoestima haciéndolo consciente de su autoimagen y autoconcepto, permite que use la ropa que desee, sin importar el color o la forma del mismo, regula tu lenguaje y omite palabras altisonantes, ya que así fomentarás no solo el respeto a sí mismo, sino también el respeto a los demás .
Sé paciente y date la oportunidad de criar a tu hijo o hija de la manera en la que a ti te hubiese gustado que lo hicieran. Recuerda que las condiciones inadecuadas en las que un niño crece, son fuerzas que se quedan retenidas en el interior de tu hijo y que a la larga lo van a destruir emocionalmente.
Museo Infantil de Oaxaca A.C.
Calzada Madero 511. Barrio del Ex Marquesado
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