A la trabajadora del municipio le dan los elementos necesarios, no obstante al usar el silbato de manera cotidiana, el uso del tapabocas no es tan funcional.
Ella tiene tres hijos de 17, 15 y 10 años: “mi hijo mayor sí me cuestiona porqué ando en la calle cuando la indicación es quedarse en casa, pero le explico mi función. Sí hay reclamos pero deben entender que uno está trabajando y es parte de nuestro trabajo”, comentó.
La mujer policía ordenaba la circulación en inmediaciones de las bodegas de fruta de la Central de Abasto. Con su uniforme azul y su silbato, llama la atención de aquel automovilista que quisiera estacionarse en lugar prohibido.
Dada la situación y para evitar consumir alimentos en la calle, Fabiola Ortiz lleva en su mochila un cilindro con té para enfrentar los efectos del calor y también lleva su gel antibacterial que usa constantemente.
Asimismo, trata de llevar fruta para consumir mientras llega la hora de comida y pueda salir a ver a sus hijos un par de horas.
Por esta contingencia, sus jefes le dieron dos horas de menos de trabajo porque tiene a hijos pequeños y en lugar de entrar a las 7:00 llega a las 9:00 horas. Su función en la calle es vigilar que no haya dobles filas ni unidades estacionadas en lugares prohibidos.
“Hay que confiar que esto saldrá bien y también por la necesidad tenemos que salir a trabajar y cuando hay un empleo hay que cuidarlo y agradecerlo”, expresó.
La policía, de 34 años de edad, lleva unos 5 años en la corporación y se siente conforme con sus actividades, aunque al principio fue complicado adaptarse a la cuestiones climáticas y también a los insultos de la gente.








































