“Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno”. Con este argumento, don Quijote hace frente a su reprensor, pero también invita a realizar una tarea que en varios momentos se ha tornado por demás complicada. Basta revisar la historia para toparse con las guerras o enfrentamientos entre naciones y personas. Incluso, una mirada a la actualidad deja entrever que la labor no es para nada fácil. Sin embargo, hay ejemplos de quienes intentan llevar a la realidad tal precepto.
La madre Teresa de Calcula y Nelson Mandela podrían citarse entre quienes han seguido la idea plasmada en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ahora, la inmortal obra del soldado, poeta, novelista y dramaturgo español Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) revive a través de su personaje, en la puesta en escena Quijote, vencedor de sí mismo. La propuesta es de la compañía Teatro de Ciertos Habitantes, del director Claudio Valdés Kuri, misma que se basa en tres ejes de la obra. Uno de ellos es la ayuda al prójimo, resumida en “hacer bien a todos y mal a ninguno”.
La producción fue creada para el Festival Cervantino, de 2016, edición conmemorativa de los 400 años de la muerte del poeta y dramaturgo. El argumento es resultado del trabajo entre Kuri y la dramaturga Mónica Hoth; y la representación corre a cargo de la compañía fundada en 1997.
Este fin de semana y parte de la siguiente, la obra se presenta en Oaxaca, en la ciudad capital (donde la noche del viernes tuvo su primera función como parte del programa “Julio, mes de la Guelaguetza”), así como en municipios del Istmo de Tehuantepec: Matías Romero (sábado), Tehuantepec (el domingo) y Juchitán (el lunes).
De la considerada máxima obra de la literatura española, Valdés Kuri se interesa en la resignificación del fracaso que hace Cervantes. “El Quijote es el gran luchador por el bien común y que nunca se da por vencido, le pueden tumbar los dientes, le pueden romper los brazos, y aun así se levanta con su ánimo de servir al otro, él sale de su casa, deja sus comodidades —que es como la gran invitación a dejar nuestros lugares—, y tiene una fuerza mayor a la común”.
Eso, explica, es lo que lo llevó a reconocer que hay Quijotes actuales, de quiénes también se preguntó el origen de sus fuerzas para levantarse y luchar, y descubrió que esa energía se da cuando se trabaja en algo más grande que el bien propio.
Además del altruismo, otro de los ejes que retoma la pieza es el de “vencedor de sí mismo”, como forma de referir a la persona que se sabe dueña de su destino y decide hacerse responsable de él.
“Quejarse es una energía poco útil. El Quijote da el paso siguiente, o sea: me quejo, no me gusta la situación, pero hago algo para que esta situación cambie. Y eso es lo que descubre Cervantes, todos tenemos eso, todos tenemos un Quijote que busca esto”.
El gozo de la lectura es otro de los ejes de la puesta en escena, a través del trabajo de Cervantes en varios géneros, como el realizado en sus días de prisión.
“Tiene tragedia, comedia, drama, todo tiene, y lo que tratamos de hacer nosotros fue visitar estos distintos tonos”, cuenta Claudio Valdés sobre la propuesta que se presenta como una “aventura audaz, divertida y conmovedora, en la que el famoso caballero, inigualable ejemplo de la humanidad, va más allá de sí mismo, inspirando valor a la audiencia para alcanzar sus más nobles anhelos”.











































