La permanencia de Benjamín Netanyahu al frente del Gobierno de Israel enfrenta uno de sus momentos políticos más complicados. Después de las elecciones generales del pasado 27 de octubre, ningún bloque consiguió una mayoría parlamentaria suficiente para garantizar la continuidad del actual primer ministro.
En medio de este escenario, el presidente israelí, Isaac Herzog, tomó una decisión que cambia el rumbo de las negociaciones políticas: el 7 de noviembre encargó a Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y principal rival de Netanyahu, la responsabilidad de intentar formar un nuevo gobierno.
La determinación, comunicada por la Oficina Presidencial, representa un revés para Netanyahu, quien ahora queda a la expectativa de las negociaciones que su adversario deberá encabezar para conseguir los apoyos necesarios en la Knéset, el Parlamento israelí.
Eisenkot cuenta con el respaldo de la mayoría de los partidos representados en el Legislativo, aunque eso no significa que tenga garantizada una coalición capaz de gobernar.
EISENKOT TIENE 28 DÍAS PARA INTENTAR DESPLAZAR A NETANYAHU
La encomienda presidencial abre un periodo de negociaciones que podría definir el futuro político de Israel.
De acuerdo con la información difundida por Reuters, Eisenkot dispone de 28 días para construir una coalición gubernamental, con la posibilidad de solicitar una ampliación de otros 14 días.
El dirigente opositor enfrenta tres caminos principales, aunque ninguno parece sencillo:
- Buscar el respaldo de partidos árabes: podría intentar establecer un gobierno minoritario con apoyo de estas fuerzas parlamentarias para aprobar decisiones fundamentales.
- Negociar con partidos ultraortodoxos: una alternativa complicada por las diferencias políticas que Eisenkot y sus aliados han mantenido con estos sectores.
- Formar un gobierno de unidad: implicaría negociar con el propio Netanyahu, una posibilidad que también enfrenta resistencias entre las fuerzas opositoras.
Si Eisenkot no consigue los apoyos necesarios, otro dirigente podría recibir la oportunidad de formar gobierno. El procedimiento contempla nuevas posibilidades de negociación y, si ningún aspirante logra reunir una mayoría, Israel podría verse obligado a convocar elecciones anticipadas.
LA AMENAZA IRANÍ FUE EL EJE DE LA CAMPAÑA DE NETANYAHU
Uno de los aspectos más controvertidos de la estrategia electoral de Netanyahu fue el protagonismo que concedió al conflicto con Irán.
Durante los meses previos a los comicios, el primer ministro insistió en presentar el programa nuclear iraní como una amenaza existencial para Israel. Sus declaraciones buscaron colocar la seguridad nacional y la confrontación con Teherán en el centro del debate político.
El 24 de septiembre, durante su intervención en la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, defendió las acciones militares israelíes contra instalaciones nucleares iraníes.
Netanyahu aseguró que destruir esas instalaciones había sido una decisión difícil, pero necesaria para impedir que Irán desarrollara armas nucleares.
Teherán, por su parte, ha sostenido que su programa nuclear tiene fines pacíficos y ha defendido su derecho al enriquecimiento de uranio, mientras Estados Unidos ha exigido restricciones mucho más severas.
La confrontación también estuvo presente en los mensajes de Netanyahu hacia Washington. El 19 de octubre agradeció públicamente al presidente estadounidense, Donald Trump, por su respaldo y lo calificó como uno de los mayores aliados que Israel ha tenido en la Casa Blanca.
Seis días después, el 25 de octubre, publicó en la red social X una imagen generada mediante inteligencia artificial que mostraba una explosión nuclear sobre una zona urbana. La publicación acompañaba una advertencia sobre el supuesto peligro existencial que representaría para Israel un Irán con armas nucleares.
Sin embargo, la estrategia centrada en la amenaza iraní no fue suficiente para garantizarle una mayoría parlamentaria.
LAS TENSIONES CON EL EJÉRCITO TAMBIÉN MARCARON SU GOBIERNO
La política de confrontación con Irán también habría generado diferencias dentro de las propias estructuras militares israelíes.
De acuerdo con versiones difundidas por medios locales, Netanyahu presionó al mando militar para considerar una nueva ofensiva contra territorio iraní antes de las elecciones.
El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, Eyal Zamir, se habría opuesto a esa posibilidad por los riesgos estratégicos y militares que implicaba.
Las diferencias habrían provocado un enfrentamiento entre el liderazgo político y la cúpula militar, en un contexto de preocupación por las consecuencias de utilizar la confrontación regional como instrumento de presión electoral.
El dirigente opositor Yair Lapid también cuestionó las declaraciones de Netanyahu sobre una posible intervención iraní durante los comicios y consideró que sus advertencias habían cruzado límites preocupantes.
LOS ALIADOS RADICALES SE CONVIRTIERON EN UN OBSTÁCULO POLÍTICO
Otro de los problemas que enfrenta Netanyahu es la composición de su propio bloque político.
Su alianza con figuras de la derecha radical, entre ellas Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, ha generado tensiones dentro y fuera de Israel.
Ambos políticos han sido objeto de fuertes críticas internacionales por sus declaraciones y posiciones relacionadas con los palestinos y el conflicto en Medio Oriente.
En junio de 2025, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Noruega anunciaron sanciones contra ellos, que incluyeron restricciones de viaje y congelamiento de activos, bajo señalamientos de incitación a la violencia extremista.
Las tensiones también alcanzaron a varios países árabes, particularmente después de las incursiones de Ben-Gvir en el complejo de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, que provocaron protestas diplomáticas.
Esta situación ha complicado la posibilidad de que Netanyahu consiga nuevos aliados políticos, especialmente entre los sectores centristas y de centroizquierda, que rechazan una eventual coalición con el actual primer ministro.
Ante las dificultades, también se ha planteado la posibilidad de construir un gobierno de unidad sin Ben-Gvir ni Smotrich, con el propósito de reducir las tensiones internas e internacionales.
LA GUERRA CONTRA IRÁN TAMBIÉN COMPLICÓ LA RELACIÓN CON TRUMP
La relación entre Netanyahu y Donald Trump, presentada durante meses como una alianza estratégica, también habría comenzado a resentir los costos políticos y militares de la confrontación con Irán.
De acuerdo con información atribuida a The New York Times, el primer ministro israelí habría presionado al mandatario estadounidense para respaldar una ofensiva militar contra Teherán durante febrero de 2026.
En una presentación realizada en la Casa Blanca, la delegación israelí habría expuesto información de inteligencia sobre las capacidades militares iraníes y planteado la posibilidad de un cambio de régimen en ese país.
La operación militar estadounidense conocida como Furia Épica fue cuestionada posteriormente por sus costos y consecuencias estratégicas.
El centro de investigación Stimson Center describió el episodio como un ejemplo de cómo un aliado puede arrastrar a otra potencia a un conflicto mediante presiones diplomáticas y militares.
Las críticas también alcanzaron a la administración estadounidense por los riesgos de una confrontación prolongada y sus repercusiones políticas internas.
EL FUTURO DE NETANYAHU DEPENDE DE LAS NEGOCIACIONES
La designación de Gadi Eisenkot abre una nueva etapa en la disputa por el poder en Israel. Aunque el dirigente opositor tiene el encargo presidencial y el respaldo de diversos partidos, todavía debe demostrar que puede transformar esos apoyos en una mayoría parlamentaria estable.
Para Netanyahu, el escenario representa una amenaza directa a su continuidad política. Su estrategia de seguridad, las diferencias con sectores militares, las alianzas con la derecha radical y el costo de la confrontación con Irán forman parte de un contexto que complica su margen de maniobra.
No obstante, la salida del actual primer ministro todavía no está definida. Las negociaciones parlamentarias serán determinantes para establecer si Eisenkot consigue construir una coalición, si surge una alternativa de unidad o si Israel termina regresando a las urnas.
La disputa ya no se limita a quién encabezará el próximo gobierno: también pone sobre la mesa el rumbo de la política israelí frente a Irán, la relación con Estados Unidos y el futuro de sus alianzas internacionales.









































