¡Tilica y flaca, pero con excelente olfato político! La Catrina se dio una vuelta por el Palacio de Gobierno para revisar el jardín de la “Primavera Oaxaqueña”, descubriendo que, entre tanto discurso de oropel y tanto cambio de maceta, lo único que realmente florece es la maleza del compadrazgo y el olvido.
“A quien madruga, Dios le ayuda… ¡pero al que gobierna con puros cuentos, la Catrina le llega temprano a cobrar la tanda!”, porque en esta temporada donde el cempasúchil adorna los altares, en los pasillos del poder oaxaqueño las únicas ofrendas que se levantan son a la simulación y al olvido. Bienvenidos a una entrega más de El Huarachazo, ese rincón libre de convenios donde, en esta ocasión, la crítica se viste con el traje de la ironía y el sarcasmo literario. Hoy cambiamos el garrote por la pluma de ganso para pasearnos del brazo de la Huesuda, esa inspectora implacable que no se traga los cuentos de la transformación de utilería y que vino a recordarnos que el papel aguanta todo, menos el hambre de un pueblo que ya aprendió a leer entre líneas. ¡Pásenle a lo barrido, que la calaca ya sacó su libreta y no vino a comer pan de muerto!
LA CATRINA Y LA PRIMAVERA DE SALOMÓN
A Oaxaca llegó la Flaca,
con su guadaña afilada,
buscando a la Primavera
que encontró muy marchitada.
—¿Dónde está tanta promesa
que escuché en la elección?
¿Se quedó bajo la tierra
o murió en algún cajón?
Salomón salió a su encuentro,
presumiendo su gestión:
—¡Estamos transformando Oaxaca
con justicia y convicción!
La Calaca soltó una risa
que retumbó en el zaguán:
—¡Si el cambio viene tan lento,
tus promesas llegarán… jamás!
Recorrió todo el Palacio,
preguntando resultados;
encontró muchos discursos
y pendientes acumulados.
—¡Qué jardín tan peculiar,
qué abundante la maleza!
Hay quien presume las flores
y quien reclama limpieza.
Se asomó al gabinete,
con mirada de inspectora:
—¡Tanto cambio de silla
y la solución no aflora!
Cambian nombres, cambian cargos,
cambia el jefe del corral,
pero si no hay resultados,
¡todo, ‘na más’, sigue igual!
La Catrina abrió un expediente
y miró con atención:
—Cuando hay dudas sobre familiares,
hace falta explicación.
No condeno por rumores
ni por simple parentesco;
pero el que administra al pueblo
debe aclararlo con hechos.
—¡Que se investigue parejo,
sin privilegio ni favor!
Que la ley no tenga parientes
ni se arrodille ante el poder.
Salomón buscó argumentos,
la Calaca, una respuesta;
él le ofreció más discursos,
¡y ella le cobró la cuenta!
—No me vendas Primavera
con discursos de ocasión;
que las flores no se riegan
con promesas de elección.
La confianza no se hereda,
ni se compra con carteles;
se conquista con acciones,
no con discursos peleles.
—¡Recuerda bien, gobernante,
antes de alzar la copa:
el pueblo no come promesas
ni vive de buena ropa!
La Muerte guardó su lista,
se marchó por el portal,
y dejó escrita una frase
en la entrada principal:
«Si la Primavera es cambio,
que florezca la verdad;
que se sequen los privilegios
y florezca la igualdad.
Que no gobierne el apellido,
ni el compadre, ni el favor;
que gobiernen los resultados,
la justicia y el honor.
Porque el pueblo tiene memoria,
no se compra su opinión;
¡y hasta la Muerte le exige
cuentas claras a Salomón!
Y cuentan que allá en Oaxaca,
cuando hay fiesta y oropel,
la Calaca ríe y pregunta:
—¿Ya floreció el jardín…
o sigue mandando el papel?
Al final de cuentas, mis estimados lectores, la parca nos dejó una lección que vale más que cualquier informe de gobierno: los carrizos huecos siempre suenan más, pero no dan sombra ni fruto. Finalmente, el pueblo, con la paciencia de los antiguos y la memoria intacta, sigue esperando que las flores del bienestar dejen de ser exclusivas de los floreros oficiales.
¡Pásenle a lo barrido, que la Catrina ya cerró la puerta… y los recibos siguen pendientes!

































