Hacerse un piercing implica algo más que elegir una joya y esperar a que la perforación cicatrice. Aunque después de un tiempo la zona deje de considerarse una herida abierta, el cuidado no debería terminar ahí. Como cualquier otra parte de la piel, los piercings están expuestos diariamente al sudor, células muertas, grasa y residuos de productos cosméticos.
La dermatóloga Halah Taha explica que un piercing cicatrizado ya no necesita cuidados intensivos, pero sí puede beneficiarse de una higiene y mantenimiento regulares. Con el paso del tiempo, la acumulación de piel muerta, sudor y bacterias, además de maquillaje o productos capilares, puede generar suciedad e incluso el característico olor que algunas personas perciben al retirar sus pendientes.
Esto no significa necesariamente que exista una infección. La dermatóloga Milena Al Mansuri señala que una protuberancia o irritación también puede deberse a la fricción, presión de la joyería, dermatitis de contacto, tejido de granulación, cicatrices hipertróficas o queloides. El níquel presente en algunas piezas, por ejemplo, es un desencadenante conocido de alergias cutáneas.
Una limpieza sencilla
Los piercings cicatrizados no requieren una rutina complicada ni una limpieza profunda todos los días. De acuerdo con Taha, una limpieza suave una o dos veces por semana, además de la higiene habitual durante la ducha, suele ser suficiente.
La atención también debe incluir las joyas. El sebo, las células muertas y los restos de cosméticos pueden acumularse en cierres, broches y diseños con detalles pequeños. Limpiar únicamente la piel deja fuera una parte importante del mantenimiento.
Para hacerlo, las especialistas recomiendan utilizar agua tibia y un limpiador suave, sin fragancia, y enjuagar bien la zona. Si existe irritación o enrojecimiento, puede utilizarse suero fisiológico estéril al 0.9 por ciento.
En cambio, se aconseja evitar alcohol, agua oxigenada, yodo y otros antisépticos agresivos, ya que pueden alterar la barrera de la piel y aumentar la irritación. El aceite de árbol de té tampoco es necesariamente una alternativa suave: los aceites esenciales pueden provocar dermatitis de contacto.
No todos los piercings son iguales
Los piercings ubicados en el cartílago suelen requerir mayor atención que los del lóbulo, debido a sus características de riego sanguíneo y a que las joyas pueden sufrir presión al dormir o engancharse con el cabello, la ropa o los auriculares.
El diseño y el material de los aretes también influyen. Las piezas muy pesadas, los cierres demasiado ajustados, los componentes afilados o aquellos que ejercen presión constante pueden ocasionar microtraumatismos incluso en perforaciones antiguas.
Por ello, cuando aparecen de manera recurrente picazón, enrojecimiento, descamación o eccema alrededor de un pendiente, conviene considerar una posible alergia al material, además de una infección.










































