EL PORFIRIATO es una etapa histórica paradójica en términos de cómo se solucionaron los problemas del país y de los beneficios o puntos negativos que trajeron estas soluciones.
ABARQUEMOS el período de 1821 a 1876 (este último es el año del ascenso de PORFIRIO DÍAZ a la presidencia), donde el escenario en México era más que caótico, según nos narra la historia: “invasiones extranjeras (EE. UU. y Francia), pérdida de más de la mitad del territorio, guerras civiles (Reforma) y más de 50 cambios de gobierno.
“Los caminos del país estaban tomados por el bandidaje descontrolado (gavillas de asaltantes de caminos) que desafiaban al gobierno central. El Estado mexicano no tenía el monopolio de la fuerza”.
CIERTO, los caminos no estaban en manos de un crimen organizado como hoy, pero, tal como en nuestros días, eran tierra de nadie, o mejor dicho, de pequeños pero violentos grupos de atracadores.
PERO con la llegada al poder de PORFIRIO DÍAZ, la suerte de los malosos fue cambiando: “Díaz profesionalizó al Cuerpo de Policía Rural y usó la fuerza militar con la famosa máxima no oficial de ‘Mátalos en caliente’. A los bandidos capturados frecuentemente se les ejecutaba aplicándoles la ‘ley fuga’”.
RECUERDO Desorden y progreso: bandidos, policías y desarrollo mexicano, de Paul J. Vanderwood (Fondo de Cultura Económica), donde el autor asentaba, palabras más, palabras menos, que a los caudillos rebeldes les ofreció “Pan o palo: cargos públicos y negocios si se alineaban, o la cárcel y el paredón si se oponían”.
VANDERWOOD analiza cómo el régimen porfirista “utilizó la figura del ‘bandido’ y la creación de la policía rural para imponer una pax autoritaria que hiciera viables las inversiones”. Esto último, uno de los pilares de la parte exitosa del expresidente, por cierto, oriundo de esta tierra oaxaqueña.
OTRA PARTE interesante del porfiriato fue el crecimiento económico histórico del país, con un sistema liberal pero OLIGÁRQUICO; más que grandes empresarios (gracias a la enorme inversión extranjera), aquí había administradores, y las ganancias de los inversionistas (a los que el porfiriato les cobraba pocos impuestos) terminaban naturalmente en el extranjero.
AUNQUE la medición del Producto Interno Bruto en aquella época no existía, hoy existen cálculos que refieren que este habría frisado la tasa media anual de entre 2.7% y 3.3%.
EN TÉRMINOS de infraestructura y comercio exterior, son memorables aquellas cifras del brinco en extensión de “vías férreas de unos 600 km en 1876 a más de 19,000 km en 1910”.
UN DATO que hay que recordar es que “en 1894 el gobierno mexicano ingresó más dinero del que gastó por primera vez en todo el siglo XIX”.
PORFIRIO DÍAZ había recibido un país endeudado y dividido, con inseguridad y violencia desbordadas, así como una economía colapsada. Sin embargo, las condiciones para superar todo esto se dieron gracias a la mano dura de su gobierno para restablecer el orden y a la apertura a la inversión extranjera -esta última, consecuencia directa de la primera-. El pecado del porfiriato fue la pésima distribución de la enorme riqueza creada (concentrada en muy pocas manos) a costa de la extracción de recursos, la explotación y el empobrecimiento de las masas.
UNA GRAN ENSEÑANZA quizá del porfiriato es que sin seguridad pública y sin apertura al mercado NO habrá crecimiento económico, pero también que su “modelo de desarrollo económico, brillante en la superficie, fracasó porque estaba sustentado en un déficit social”.
LA FALTA de justicia social, la carencia de democracia y la ausencia de instituciones sólidas llevaron finalmente al porfiriato a una revolución sangrienta.
ESO NOS LO RECUERDA prudentemente la historia: ¡ay de aquel que no mire al pasado!
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