Bersahín López
Oaxaca está viviendo una etapa decisiva en la ruta que toma hacia el futuro. No tiene que ver con asuntos político-partidistas que tanto distraen a muchos, sino fundamentalmente con el actuar de la ciudadanía y los gobiernos, pilares del estado de derecho.
Esto simboliza profundamente el tipo de Estado que estamos construyendo y en el que viviremos en los próximos años. Los gobiernos tienen la facultad y obligación de brindar las mejores condiciones para una vida colectiva sana, segura y en paz.
Desafortunadamente, en los últimos tiempos esta obligación ha pasado a segundo plano debido a la puesta en marcha de acciones superficiales que en muchos casos solo maquillan el quehacer gubernamental, relegando las medidas contundentes para la mejora social.
La paz y la seguridad son fundamentales para lograr el objetivo de un verdadero estado de derecho. Oaxaca es una tierra maravillosa, con recursos naturales y humanos inigualables. Es verdad que históricamente ha sido escenario de una profunda confronta política, lo que en ocasiones ha generado conflictos sociales, pero también ha permitido enriquecer la dinámica pública, repercutiendo en mejores gobiernos y en el impulso de agendas legislativas.
El gran problema es que se ha abaratado la función política: en repetidas ocasiones se ha permitido que arriben a la administración pública personas sin las capacidades necesarias para esas funciones, personajes que, carentes de diálogo y propuestas propias, se sienten dueños de espacios territoriales y de verdades únicas, esto ha dañado los procesos democratizadores y la función pública.
La construcción de la paz y el fortalecimiento del estado de derecho son obligaciones de los gobiernos y los poderes del estado, pero también exigen una corresponsabilidad ciudadana. Por ello es fundamental su participación plena y constante en los asuntos públicos, solo así podremos impulsar en el futuro a una generación de administradores y políticos que realicen las tareas correspondientes para fortalecer las libertades y, con ello, el desarrollo del pueblo oaxaqueño.
Hemos escuchado múltiples discursos ante los lamentables hechos ocurridos por el artero asesinato del periodista Alejandro Leyva Aguilar, un atentado directo contra la paz y las libertades de los oaxaqueños. Esta es una responsabilidad ineludible de quienes hoy detentan las facultades constitucionales para proteger a la ciudadanía desde el Poder Ejecutivo, una carga de la que no pueden abstraerse aunque se atribuyan logros y evadan los señalamientos negativos.
Desde esta columna expresamos nuestra solidaridad con la familia de Alejandro Leyva Aguilar por una pérdida tan irreparable, al gremio periodístico, por el cruel mensaje que este crimen representa para la libertad de expresión, y al pueblo de Oaxaca, porque pareciera que, como en los peores momentos de nuestra historia, no hay quien nos proteja ni defienda desde las instituciones del Estado.
Es importante dimensionar esta etapa para actuar. Lo primero que debemos aceptar es que, más allá de filias y fobias, hay integrantes del Poder Ejecutivo estatal que no están cumpliendo con su labor. El pueblo, que eligió al titular de dicho poder, tiene la facultad y la obligación de manifestarse en consecuencia, exigiendo resultados. El gobierno debe tener la humildad y la inteligencia para dar un paso al costado cuando corresponda.
Asimismo, los poderes Judicial y Legislativo se encuentran inmovilizados; deben actuar antes de que el descontento social y la exigencia de verdad los alcancen. Es tiempo de asumir responsabilidades. La muerte de un impulsor de la libertad de expresión debe ser un parteaguas legítimo para que la ciudadanía exija resultados, paz, seguridad y desarrollo integral.
Las cosas no marchan bien en Oaxaca y eso no puede ocultarse con bailes, marmotas o música. El impulso turístico es importante, pues de él depende gran parte de la economía, pero vivir en un estado de paz y verdad es el requisito indispensable para ofertar al mundo lo mejor de nuestra tierra.
Es momento de mirarnos al espejo como gobierno y sociedad para reconocer nuestro verdadero rostro y actuar en consecuencia. Lo que se dice en la calle, en el transporte público, en las comunidades, lo que expresa el pueblo, debe ser escuchado por quienes gobiernan Oaxaca.
Cuando realmente lo hagan y asuman que se deben al pueblo, tomarán la decisión de dar un paso al costado. Paz y verdad es lo que hoy reclama Oaxaca.
@bersahinlopez


































