
Esto fue lo que aconteció en el Istmo de Tehuantepec durante la época de la Revolución Mexicana. Tuvo como escenario el vasto Istmo de Tehuantepec, y lo que escribo hoy se refiere a una serie de hechos lamentables. Aun cuando es cierto que en la guerra se cometen actos bochornosos e inconfesables, eso fue precisamente lo que ocurrió en la región del Istmo durante la Revolución Mexicana. El día de hoy les comento un hecho vergonzoso, algo que sucedió hace más de 100 años, en la época de la Revolución en Oaxaca, específicamente en el Istmo de Tehuantepec.
En aquellos años, un sujeto de nombre Alfonso Santibáñez, nacido en Ixtlán, Sierra Norte, Oaxaca, tuvo un papel relevante. De él se tiene registro de que nació en 1882. Era un hombre de barba cerrada, muy delgado, de ojos verdes, muy valiente, muy macho y también muy desconfiado. Se sabe que durante su juventud se dedicó a las actividades comerciales en la región del bello Istmo de Tehuantepec, Oaxaca.
Fue a partir de aquel 25 de mayo de 1911 cuando Jesús Carballo, un líder local en el Istmo y, sobre todo, en Tehuantepec, con su discurso incitó a los campesinos de Santo Domingo Tehuantepec a rebelarse contra el gobierno local y el jefe político. Sin embargo, la indecisión o cobardía de Carballo se manifestó en el último momento, ya que reculó, se echó para atrás y, por cobardía, puso al oscuro coronel Santibáñez, quien de 1911 a 1914 fue maderista, quedando como dirigente principal del levantamiento. La acción tomó desprevenida a la tropa y los rebeldes derrotaron a los soldados del presidente Porfirio Díaz, lo que dio como resultado la elección de Santibáñez como jefe político provisional de Tehuantepec.
La revuelta de Tehuantepec ocurrió el 1 de octubre de ese mismo año, lo que provocó que Benito Juárez Maza, gobernador de Oaxaca (1911-1912), hiciera acto de presencia y decidiera destituir a Alfonso Santibáñez Sánchez Serrano y nombrar en su lugar a Carlos Woolrich como nuevo jefe político. Sin embargo, ese mismo día de su nombramiento hubo en Tehuantepec otra revuelta, simulada por los hombres de Alfonso Santibáñez, porque en el momento en que Carlos Woolrich se dirigía de su casa hacia su oficina, ya como jefe político, fue emboscado y asesinado.
El crimen no quedó impune: Alfonso Santibáñez fue culpado del asesinato y, por ello, condenado a prisión. Después de un año de reclusión, en julio de 1913, logró escapar de la cárcel con su acostumbrado método de organizar revueltas. Ya viéndose libre, se incorporó a la lucha contra el general Victoriano Huerta y formó el Primer Batallón del Istmo con más de 1,400 hombres de Espinal, Ixtaltepec, San Gerónimo, Juchitán, pero en su mayoría de Tehuantepec, alegando ser constitucionalista y apoyando al jefe máximo, don Venustiano Carranza Garza.
En octubre de 1914, Santibáñez viajó y participó en la Convención de Aguascalientes, autoproclamándose general de división, cargo del que lo destituyó el general Jesús Carranza, nacido en Cuatro Ciénegas, Coahuila (1863-1915), hermano de don Venustiano Carranza y quien tenía el grado de general de brigada. Alfonso Santibáñez Sánchez no olvidaría la humillación de la que fue objeto por la degradación que le hizo Jesús Carranza durante la Convención.
Los desacuerdos entre Francisco Villa y Venustiano Carranza durante la Convención de Aguascalientes provocaron el rompimiento de los revolucionarios. Ya carrancista, Alfonso Santibáñez Mejía continuó fiel a Venustiano Carranza. Sin embargo, también era leal a José Inés Dávila. Fue en aquella oportunidad, el 31 de diciembre de 1914, cuando el general Santibáñez aprehendió, durante una visita que hizo a Ciudad Ixtepec, al general Jesús Carranza.
Esto ocurrió el 4 de enero de 1915. El general Jesús Carranza fue engañado, traicionado y capturado, junto con su Estado Mayor, por los hombres de Santibáñez, quien era el jefe del Ejército Superior del Estado. Esa noche, el traidor envió un mensaje a Venustiano Carranza pidiendo un rescate de 500 mil pesos y 500 mil cartuchos para respetar la vida de su hermano. Venustiano no hacía tratos con traidores y no accedió a la extorsión; en cambio, envió una columna rumbo al Istmo para acabar con Santibáñez.
Este, furioso y alcoholizado, ordenó saquear y quemar la ciudad de San Gerónimo Doctor, hoy Ciudad Ixtepec, y pasó por las armas a los 30 hombres del Estado Mayor de Jesús Carranza. Antes de que llegaran las fuerzas carrancistas, que salieron del puerto de Salina Cruz, Santibáñez tomó rumbo hacia la sierra mixe con Jesús Carranza, su hijo Abelardo y su sobrino Ignacio Carranza Peraldi como prisioneros. El 11 de enero de 1915 ya se encontraba en Xambao, un lugar cercano a Santa María Tepantlali, Villa Alta, donde fusiló, de acuerdo con un “Consejo de Guerra”, a los cautivos, sin imaginar las miles de muertes que esta acción traería consigo.
Dos años después, Alfonso Santibáñez fue capturado y se le siguió un consejo de guerra, ordenado por el licenciado y general Guillermo Meixueiro. El consejo lo encontró culpable y, el 13 de agosto de 1916, fue fusilado en la Sierra Sur, exactamente en Santiago Lachiguiri, Miahuatlán, Oaxaca, por gente de Félix Díaz Prieto (1868-1945). Sin embargo, el de Félix Díaz fue un triste resultado de su intento por llegar a la Presidencia y de haberse hecho gobernador de facto en 1916. Félix Díaz Prieto murió de viejo y en el exilio, en el puerto de Veracruz, en 1945.
Sin embargo, el mal causado por Santibáñez ya estaba hecho y don Venustiano Carranza culpó de los lamentables sucesos al gobierno del estado de Oaxaca, encabezado por el licenciado José Inés Dávila, quien, al no tener hacia dónde moverse, tuvo que decretar que el estado de Oaxaca reasumiría su soberanía por tercera ocasión, el 13 de junio de 1915.
De acuerdo con Ismael Braelutti y Abraham Muñoz, han sido tres los intentos de soberanía. El primero ocurrió en 1857, cuando José M. Díaz Ordaz, mediante el Decreto número 21, de fecha 21 de diciembre de ese año, con motivo de los acontecimientos de la Villa de Tacubaya, del 17 de diciembre, señaló que dichos hechos provocaban la subversión del orden constitucional al que debía el estado sus libertades. Dicho decreto fue firmado por el Congreso de Oaxaca.
El segundo ocurrió en 1871, mediante el Decreto número 27, de fecha 9 de noviembre de ese año, con motivo de las elecciones presidenciales del 12 de octubre, que declararon a Benito Juárez en su cuarta reelección, al considerar que excedían con mucho lo establecido en el artículo 29 de la Constitución de 1857, haciendo gobernador del estado al general Félix Díaz.
Finalmente, la tercera ocurrió en 1915 y quedó establecida en el Decreto número 14, emitido por el Congreso del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, con fecha 13 de junio de ese año, en el que se manifestaba un rechazo total a la Revolución y que, a la letra, decía: “El Estado de Oaxaca se ha mantenido en paz, sin tomar participación en la lucha armada que ha enrojecido el suelo de la Patria con sangre de sus hijos, que debiera reservarse para ponerla al servicio de la defensa nacional en caso de invasión extranjera”. Este decreto fue firmado por el gobernador del estado, el licenciado José Inés Dávila. Las tres fueron decisiones heroicas, pero fatales para el estado.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 27 de julio de 2026
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C


































