La pérdida de sus bosques y otras áreas para fines agrícolas, para asentamientos humanos y otros, son uno de los problemas que enfrenta el estado de Oaxaca en cuanto a la conservación de su medio ambiente. Pero también persisten otros problemas como la extracción ilegal de flora y fauna, así como la contaminación de sus ríos, como lo confirma el Programa Estatal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano de Oaxaca, desarrollado en esta administración estatal con apoyo de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).
El documento señala que entre el 2001 y 2018, se reportó la deforestación de alrededor de 18,757 hectáreas al año en el estado, lo que da una superficie total deforestada de 337,622 hectáreas en la entidad.
Pérdida forestal
Asimismo, refiere que entre el 2016 y 2020, hubo una pérdida de tierras forestales de alrededor de 52,114 hectáreas, alrededor de 13,028 hectáreas al año.
Respecto a la pérdida entre el 2001 y el 2018, el documento detalla que las tierras deforestadas transitaron hacia 4 categorías de usos. El 66.7 % se convirtió en praderas, el 31.4 % en tierras agrícolas, el 1.3 % en otras tierras y el 0.6 % en asentamientos humanos.
En cuanto a la extracción ilegal de flora y fauna, el programa explica que “en la región del Istmo de Tehuantepec queda parte del 5 % de la selva alta perennifolia o bosque tropical
lluvioso que originalmente tenía el país, distribuida en áreas menores en la Selva de Los Tuxtlas en Veracruz, y en su mayor parte en la Selva de Los Chimalapas, en Oaxaca”.
Ecosistemas, bajo presión
Debido a esa cobertura, “existe gran presión sobre estos ecosistemas, en los que históricamente se han extraído especies silvestres de alto valor para su tráfico y venta ilegal en México, Estados Unidos, Asia y Europa”.
Ante la amenaza por la extracción ilegal, se señala la falta de interés gubernamental para solucionar el problema, lo que afecta a las “poblaciones de águila arpía, jaguar, guacamaya roja y armadillo centroamericano; todas en peligro de extinción”.
El documento también explica que en cuanto al agua persiste la contaminación de los afluentes, a lo que se suman las sequías y la “falta de programas adecuados para el manejo del recurso hídrico”, lo que ha impactado en el ecosistema y la calidad de vida de sus habitantes.






































