La violencia volvió a golpear con crudeza a la región de la Costa Chica de Guerrero. En la comunidad de Agua Zarca, municipio de Juchitán, un electricista fue asesinado a balazos mientras se encontraba dentro de su vehículo.
La víctima fue identificada como Néstor R. D., quien fue localizado sin vida al interior de una camioneta Chevrolet tipo Tornado, color rojo, con la leyenda “Eléctricos”. El hallazgo ocurrió en el punto conocido como “La Báscula”, cercano a la colonia Los Tigres.
El ataque, directo y sin margen de reacción, evidencia un patrón recurrente en la zona: agresiones armadas en espacios públicos sin que medie intervención o prevención efectiva.
UN MENOR DESAPARECIDO TRAS EL CRIMEN
Al momento del ataque, Néstor no estaba solo. Su hijo, Caleb R. M., de 12 años de edad, lo acompañaba; sin embargo, tras el homicidio, el menor desapareció sin dejar rastro.
La ausencia del niño encendió las alarmas entre familiares y autoridades, que desplegaron operativos de búsqueda en la región. El caso generó consternación no solo por la violencia del crimen, sino por la incertidumbre sobre el paradero del menor.
Padre e hijo eran originarios de Marquelia, municipio vecino, lo que amplió la preocupación a comunidades cercanas.
BÚSQUEDA SIN RESULTADOS INMEDIATOS
Autoridades estatales informaron que elementos de la Fiscalía General del Estado, Policía Estatal y Protección Civil participaron en labores de localización.
Durante dos días, familiares y corporaciones recorrieron caminos, comunidades y zonas aledañas, en un esfuerzo por encontrar con vida al menor. La falta de resultados inmediatos reflejó las limitaciones operativas y la complejidad del terreno.
EL PEOR DESENLACE
La esperanza terminó abruptamente. Caleb, de apenas 12 años, fue localizado sin vida en las inmediaciones del panteón de la comunidad El Aguacate.
De acuerdo con los primeros reportes, el menor había permanecido desaparecido desde el momento en que su padre fue privado de la vida, en un hecho que ha sido calificado como particularmente violento y que ha conmocionado a la población.
El doble crimen no solo deja una familia devastada, sino que expone la vulnerabilidad de menores en contextos de violencia armada.
VIOLENCIA QUE REBASA A LAS AUTORIDADES
El caso pone nuevamente en evidencia la crisis de seguridad en la región, donde los hechos violentos no solo son recurrentes, sino cada vez más extremos.
La ejecución de un padre y el posterior asesinato de su hijo reflejan una escalada que rebasa los límites de la violencia común y cuestiona la capacidad de respuesta institucional.
A pesar de los operativos y despliegues, los resultados llegan tarde o no logran evitar desenlaces fatales, alimentando la percepción de impunidad.






































