Un feminicidio ocurrido durante la madrugada del 28 de marzo sacudió la aparente tranquilidad de Lomas de Angelópolis, en el municipio de Ocoyucan, Puebla. María Fernanda L.M., de 34 años y originaria de Oaxaca, fue asesinada al interior del clúster Rayana II, presuntamente por su pareja sentimental, Angelina N., de 44 años.
De acuerdo con versiones preliminares, ambas mujeres regresaban de un baile y se encontraban en aparente estado de ebriedad cuando inició una discusión que escaló rápidamente.
ATAQUE CON ARMA BLANCA
Según testimonios cercanos, la confrontación se salió de control cuando Angelina N. presuntamente tomó un objeto punzocortante y atacó a María Fernanda, provocándole una herida en el pecho que le causó la muerte minutos después.
Antes de perder la vida, la víctima habría alcanzado a pedir ayuda, alertando que estaba gravemente herida y sangrando. Al lugar acudieron paramédicos y elementos policiales, quienes confirmaron su fallecimiento.
Una persona cercana relató:
“Escuché la pelea, pero no intervine… cuando todo quedó en silencio me acerqué y la vi tirada en un charco de sangre.”
LA PRESUNTA RESPONSABLE, PRÓFUGA
Tras el ataque, la presunta agresora permaneció brevemente en el lugar, pero posteriormente huyó sin que hasta el momento haya sido localizada por las autoridades.
Familiares y allegados de la víctima han solicitado apoyo para dar con su paradero, pidiendo a la ciudadanía compartir cualquier información que contribuya a su localización.
INVESTIGACIÓN Y CONTEXTO
El caso es investigado como feminicidio y quedó registrado bajo una carpeta de investigación iniciada por las autoridades correspondientes. Con este crimen, María Fernanda se convierte en una de las víctimas de feminicidio registradas en la entidad en lo que va del año.
El hecho ha generado conmoción no solo por la violencia del crimen, sino por haber ocurrido dentro de uno de los complejos residenciales considerados exclusivos. Lo que cuestiona la percepción de seguridad en estos espacios.
VIOLENCIA QUE TRASCIENDE ESPACIOS
Este feminicidio refleja una realidad persistente: la violencia de género no distingue nivel socioeconómico ni ubicación. Puede ocurrir tanto en espacios públicos como en entornos privados considerados seguros.
Además, el caso abre una discusión sobre la normalización de conflictos que escalan sin intervención oportuna. Así como la importancia de denunciar y atender señales de violencia antes de que deriven en hechos fatales.






































