Provenientes Zapotitlán Palmas, en la región Mixteca de Oaxaca, los artesanos Lizbeth González y José Armando López han viajado a la capital oaxaqueña junto con otros compañeros que año con año elaboran las tradicionales cruces de palma, coronas de cucharilla y otras figuras para la celebración católica del Domingo de Ramos.
El viaje de varias horas, además del trabajo previo en la recolección de las palomas, las cucharillas de maguey y el trigo van tomando forma en las figuras asociadas a la festividad. Pero también son muestra de la habilidad de sus manos con las fibras naturales.
Sin embargo, el costo económico por mantener viva está tradición no siempre se recupera en las ventas. Aun así, Lizbeth confía en que las personas adquieran sus productos y las demás artesanías que elaborando, especialmente porque el dinero es necesario para tratar la enfermedad de su esposo José.
Este viernes, ambos permanecían a los pies de la catedral metropolitana de Oaxaca, dónde ofrecían las cruces y otras figuras para la celebración católica del Domingo de Ramos, que recuerda la entrada triunfal de Jesús.
“Vamos a cortar las palmas al campo y de ahí las empezamos a tejer, eso hay que pintarlo y decorarlo para que estos días ya esté listo… Como nosotros no tenemos carro, tenemos que pagar un taco para ir a traer el material al campo”, cuenta Lizbeth mientras sigue tejiendo con sus manos.
Además de la labor en el campo y en la comunidad, incluidos los trabajos del hogar, la artesana cuenta que tiene que gastar 1,000 pesos en pasajes desde Zapotitlán hasta la ciudad de Oaxaca. Ya aquí, y a falta de un lugar al cual llegar, duermen a la intemperie.
Otros gastos que se suman son los de las comidas y el servicio de sanitario.
El regateo, una práctica que resta valor al trabajo
Cada artesanía para el Domingo de Ramos tiene precios desde los 30 pesos, dependiendo del tamaño y del tipo de pieza.
Sin embargo, artesanos como Lizbeth y José también enfrentan el regateo, una práctica que persiste en Oaxaca y por la cual las personas les piden un menores precio, al considerar que las artesanías son caras o que no lo valen.
Pero en cada pieza van el trabajo físico por ir al campo, el traslado, la destreza de los artesanos para crear las figuras y todos los demás elementos que dan valor a la artesanía.
“Algunos (clientes) no dicen nada, pero otros dicen que está muy caro. Pero imagínese cuánto gastamos, el material y todo lo que lleva”, dice Lizbeth.
Su esposo también explica que cada artesanía lleva implícito mucho esfuerzo. “Nosotros creemos que es un precio justo para que nos ayuden un poco en este tiempo, pero hay personas a las que se les hace caro. Sí supieran cuánto sufrimos para ir a cortar la palma, para hacer todas esas artesanías, a lo mejoras valorarían un poco más”.










































